Carlos Perciavalle: “Si volviera a nacer, haría todo de la misma manera”
EXCLUSIVO. Desde su paraíso personal en Uruguay, el capocómico repasa su vida, rica en anécdotas, en diálogo con DiarioShow.com. Sus vínculos con Antonio Gasalla, China Zorrilla, Enrique Pinti, y la sabiduría de quien hizo siempre lo que quiso.
@Rfilighera
En su casa de Laguna del Sauce, cercana a la localidad de Punta del Este, Uruguay, Carlos Perciavalle encuentra, seguramente, el mejor cable a tierra, aquel que le posibilita el descanso y esa contemplación de nuestra señora Madre Naturaleza.
Las tardes se encuentran marcadas por el preanuncio de un verano que ya está dando testimonio de presencia. Carlitos se relaja bajo el cobijo de un generoso árbol, en uno de sus sillones preferidos. Con ojos cerrados, la relajación a la que se había consagrado se rompe con un golpe de baquetas en una batería y un coro de risas estalla...
Allí está Perciavalle, acompañado por Antonio Gasalla, su amigo y socio artístico, cumpliendo una rutina inmejorable en aquel emblemático reducto (pionero del café concert) llamado "La mandarina a pedal".
El público está ahí, cerquita de ellos, disfrutando a pura carcajada. ¿Se encuentra el actor viviendo un viaje por el túnel del tiempo o simplemente se ha presentado un sueño amable y retrospectivo (a los años sesenta) en esa tranquilidad imperturbable?
Nuevamente, un contundente golpe de batería redobla el sonido y el actor vuelve a abrir sus ojos. Regresa a la realidad cotidiana en que un asistente le acerca el celular y le recuerda la nota agendada con DiarioShow.com. Desde Buenos Aires, nosotros comenzamos a interrogar al actor sobre la profesión, la historia del concert, los buenos y malos momentos, la vida misma.
-¿Qué imágenes te vienen a la memoria de tu primera actuación, en Montevideo a los 15 años?
-En ese momento me encontraba cursando en el Liceo José Suárez y se dio la posibilidad de trabajar junto a Mario Morgan en la obra "Recordando a mamá", que había hecho en sus comienzos Marlon Brando, en Broadway. Allí empezó mi actividad teatral que, por suerte, no ha parado hasta el presente.
-El traslado a Buenos Aires, por aquel entonces, ¿era un anhelo?
-Sí, el de no desarrollar otra actividad durante el día y trabajar gratis en el teatro por la noche. Quería vivir de lo que me gustaba: el teatro, y aposté a este gran desafío. De esta manera, me anoté en el Conservatorio de Arte Dramático y entonces se inició la historia conocida.
-¿Cómo fue trabajar durante la dictadura militar?
-Nunca recibí amenaza alguna. Cabe señalar que yo había vivido en Estados Unidos, antes de la dictadura y había conocido a muchos de los que después fueron miembros de la junta como adláteres en la embajada argentina y los conocía hasta por su sobrenombre. Si, en cambio, amenazaron a varios amigos, entre ellos China (Zorrilla).
"Yo había vivido en Estados Unidos, antes de la dictadura y había conocido a muchos de los que después fueron miembros de la junta"
-¿Qué te dejaron tus ciclos televisivos?
-El primero (“El show de Carlos Perciavalle” en canal 11 durante los '80) me dejó un rating impresionante que, hasta entonces, no había logrado ningún programa que no fuera futbolístico. Y si bien, en ese momento no estaba el cable, logré generar más audiencia. Grandes estrellas como Nini Marshall, Sandro, Isabel Sarli y Susana Giménez me visitaron en el programa, algo que a mí me gratificó una enormidad. Fue una de las etapas más lindas de mi carrera.
- ¿Te hubiera gustado generar una sociedad artística firme con Enrique Pinti?
-Yo lo quiero mucho a Enrique y coincidimos, dos veces, en algún programa. Lo quiero y respeto, pero somos muy distintos. Y hablo en presente porque, para nosotros, los colegas no se van, permanecen firmes en la profundidad de nuestros corazones, como Pinti. Recuerdo que cuando hice en teatro mi primer espectáculo "Uno a querer"-obra que estuvo tres años en cartel- los cuadros eran vinculados por Roberto Catarineu. En ocasión de enfermarse, el día del estreno en el Margarita Xirgu, Enrique lo reemplazó. Estuvo notable, improvisó y sacó varios conejos de la galera, generando en cada situación un clima estupendo. Hasta el día de hoy le sigo agradeciendo su gesto afectuoso y solidario.
"Yo lo quiero mucho a Enrique Pinti y lo respeto, pero somos muy distintos. Y hablo en presente porque, para nosotros, los colegas no se van, permanecen en nuestros corazones"
-¿Tuviste decepciones en la vida de relaciones y en la profesión?
-Realmente, te tengo que decir que no. Al contrario, he cosechado grandes amores y relaciones y conservo con los amigos que están esa energía muy potente de acercamiento que hemos acuñado desde siempre.
-¿Qué mujeres marcaron hondamente tu vida y por qué?
-Por supuesto, China Zorrilla ha sido la gran mujer que habitó fuerte en mi vida y, también, la querida María Elena Walsh cuya presencia con sus poemas y canciones me acompaña siempre. Por otra parte, ninguna es más que la otra. También, claro, Moria Casan, Edda Díaz y Susana Giménez, entre otras entrañables figuras, forman parte de mi existencia y lo agradezco todos los días.
Con Gasalla, una dupla única
En el Conservatorio, Carlos conoció a Antonio Gasalla, quien se convertiría en un fundamental socio artístico, a veces amigo y a veces rival, dado las fuertes personalidades de ambos. Pero no cabe duda que esa dupla marcó una época en el espectáculo rioplatense y aún hoy es muy recordada.
.¿Qué impresión te dejó Antonio en un primer momento?
-Mientras estaba esperando para dar el último examen, había un solo lugar en un aula atiborrada de estudiantes. Me senté al lado de Gasalla. Y no se parecía al de hoy. Estaba más gordo, aunque con el paso del tiempo, con trabajo y gimnasia pudo tener el físico con que toda la gente lo conoció después. Hice con él una espontánea radiografía de los estudiantes que estaban allí y realmente, nos reímos muchísimo.
-¿Cómo definirías aquella etapa vivida junto a Gasalla?
-Fue muy divertida. Además, nos complementábamos muy bien. Dimos el puntapié inicial en una sala chiquita, en la Recova, con muy buena convocatoria de público. Y el humor estaba siempre muy presente, en todo sentido. Y esta ha sido, no tengo la menor duda, la clave de todo tipo de amistad: aprender a reírse con tu compañero de ruta, en la profesión y en la vida.
-¿Recordás alguna anécdota, en especial por su carácter particular?
-Antonio realizaba una secuencia en la que entraba a la sala oscura y simulaba tirar un banquito al público y los espectadores de la primera fila se tapaban la cara. En una oportunidad, falló y el banquito fue a parar a la humanidad de un señor enorme, grandote y que si bien, por suerte, no se vio afectado, despertó la risa generalizada de toda la sala.
Nada que lamentar
Ese camino, pleno de evocaciones, afectos, sentimientos y mucha creatividad, por cierto, ha coronado y corona la trayectoria, la vida misma de un artista sin par. Un artista que, en ambos márgenes del Río de la Plata y, en todo el mundo, ha recorrido con su generosa creación, llevando humor, entretenimiento y reflexión por doquier.
Cuando lo consultamos a Carlos Perciavalle si volviera a nacer, ¿qué situaciones modificaría de su vida? Nos contestó al respecto, como en una suerte de declaración de principios: "Absolutamente nada. Si volviera a nacer me encantaría volver a realizar todo lo que hice y todo lo que me pasó en la vida. Y, por supuesto, que no me debería faltar nada de lo que tuve porque ahí sí, protestaría".
En otro orden, Perciavalle nos adelantó que tiene previsto realizar varios emprendimientos artísticos, uno de ellos, a partir de la inminente temporada teatral de verano que se avecina. "Están confirmados, pero falta la firma, debido a ello, es que no puedo dar mayores detalles. La posibilidad de pisar un escenario es una circunstancia que me gratifica de la misma manera que en mis años mozos. Lo asumo a pura felicidad", destacó.
R.F



