Ezequiel Campa: "Cuando empecé como actor quería ser Marlon Brando"
EXCLUSIVO. En un gran momento profesional, se enoja porque la tevé no le da espacio a los comediantes. Campa, que llegó al Teatro Maipo con su stand up "Sí pero no", desafía la hipersensibilidad de estos tiempos.
@AnaliaCab
Agotado, pero feliz, Ezequiel Campa atiende el llamado de DiarioShow.com entre instrucciones para el ejército de constructores que forman parte de su vida por estas semanas. Arquitecto, pintores, plomeros y albañiles le están dando los toques finales a la casa que él mismo soñó y diseñó. Una alegría sin dudas, pero que lo tiene tan cansado que “siento que me desmayo a la noche” según cuenta.
Es que el estrés propio de una construcción se suma a la mudanza que llevó a cabo hace unos días, todo por supuesto sin parar de trabajar. Su nuevo espectáculo, “Sí pero no”, lo mantiene de acá para allá, y el sábado 7 de octubre recalará en el Teatro Maipo. Luego seguirán Morón, La Plata, Montevideo, Córdoba, Rosario y Mendoza.
-¿Con qué nos vamos encontrar en este show?
-Bueno, yo tengo 47 años, no tengo hijos, y eso claramente atraviesa el monólogo, porque es una edad en la que el que no tiene se pregunta si debería tener y para el que tiene, por lo general es una edad en la que los hijos tienen mucho protagonismo. Entonces si bien no es el corazón del show, uno de los temas de los que hablo es eso, yo no tengo hijos. No hago una “apología” de no tenerlos, pero pasa que uno se pregunta a sí mismo ¿me estaré perdiendo de algo? Y los que tienen, se quieren morir capaz. Es un tema que está muy presente entre los cuarentones.
-¿Por qué no tuviste?
-La verdad que lo que me pasó es que es un tema que jamás en mi vida pensé. Ni siquiera sé por qué. Es como que me digas, ¿por qué nunca fuiste a escalar? Y es como, qué sé yo, jamás en la vida lo pensé. No tuve ni el deseo, ni la inquietud. No es que lo evito ni soy un abanderado del “no tener”. Estoy de novio hace siete años, ella es mucho más joven; y menos que yo quiere. Es una mezcla de cosas, también bueno, si tuviste una infancia medio chota, con una familia medio quilombera, no querés repetir eso. En mi caso también está un poco eso, no a nivel consciente, pero mi infancia fue un quilombo, mi familia fue un quilombo. Seguramente en algún lugar mío interno eso quedó. Pero tampoco quiero tener un discurso anti hijos, qué sé yo, hay gente que la pasa bárbaro.
“La verdad que jamás en mi vida pensé tener hijos. Ni siquiera sé por qué. Es como que me digas, ¿por qué nunca fuiste a escalar? No tuve ni el deseo, ni la inquietud”
-¿Qué significa para vos haber llegado al Maipo?
-Mirá, para mí es una mezcla de muchas sensaciones. Por un lado, la obvia de decir que “no lo puedo creer”, que son cosas que yo pensaba que nunca me iban a pasar y poder actuar en un teatro así siempre lo vi como algo que le pasaba a otros y yo nunca iba a estar a la altura. Pero a la vez, internamente yo siempre sentí como que ya estaba para el Luna Park, soy algo contradictorio.
-¿A qué creés que se debe la popularidad del stand up?
-Es un fenómeno mundial, que despertó, a finales de los noventa, Jerry Seinfeld con su serie, y empezaron a aparecer un montón de comediantes por todos lados. En Argentina me parece que desde el punto de vista económico, es mucho más barato de producir que otro tipo de espectáculos entonces se puede cobrar una entrada más barata y eso también ayuda. Hacer una gira es llevar un micrófono y nada más, no hay un vestuario, ni un director ni un elenco. También creo yo que hay una cosa de que a la gente le gusta porque vivimos una era de mucha ansiedad, y el stand up es remate todo el tiempo, chiste todo el tiempo. Entonces para esta generación, para esta época de tanta ansiedad, por ahí le resulta más divertido que ir a ver una comedia más tradicional, con un texto y escenas en la que quizás te reís cuatro veces en una hora.
-¿Qué diferencias encontrás entre nuestro humor y el de otros países?
-Es muy raro lo que sucede. Lo que noté es una contradicción que tiene que ver con que en los países a priori más conservadores hay como un permiso para hacer material más controversial que en Argentina, donde somos un país más deconstruido, más avanzado, con más cultura, con más tradición de teatro y de literatura y de música, etcétera.
Digo esto porque yo viajo por todos lados y, no sé, vas a un país como Chile, que se supone que es un país mucho más conservador y de derecha, por decirlo de alguna manera medio simplista, y tenés comediantes arriba del escenario diciendo cosas que acá no sé si alguien se atreve a decirlas, porque te cancelan. Lo mismo en Estados Unidos; allá hay muchísimos comediantes que llevan miles de personas a sus shows y son mega recontra famosos tipo Jim Jeffries, Bill Burr, Doug Stanhope, Sarah Silverman, son recontra mega zarpados y sin embargo la industria del entretenimiento los acobija y les da un lugar; protagonizan películas, programas de televisión, conducen, y es un país mega conservador, de derecha. En cambio acá prácticamente no hay espacio para los comediantes, hay mucho prejuicio con la comedia. Fijate en la tele. ¿Quién hace comedia? Los periodistas deportivos, los que dicen el clima.
"Veo una contradicción: en los países a priori más conservadores hay como un permiso para hacer material más controversial que en Argentina, donde somos un país más deconstruido, más avanzado"
-¿Tendrá que ver con que hoy hay que “cuidarse” demasiado?
-Bueno, pero ¿sabés dónde se corta eso? Cuando vos tenés un medio o un productor que se la banca y te banca. Ahí es donde se corta. Bueno, por eso muchos nos fuimos a plataformas y demás, que no está mal, en todos los países existe y es un fenómeno, pero a mí me da mucha pena. Yo conduje tele en el 2013 en Chile, estuve un año entero viviendo allá conduciendo programas de tele y acá, alguno tenía que salir a pedir perdón porque dijo algo de la colectividad, todo una careteada.
-¿Tuviste que modificar rutinas por esto últimamente?
-No porque creo que mi vieja “me salvó” en el sentido de que siempre tuvo como un discurso muy progre y yo lo absorbí mucho eso. Entonces, no necesité que me vengan “a despertar”, digamos. Yo hace 20 años que hago stand-ups y si mirás desde mi primeros shows hasta ahora, yo nunca hice material sobre la mujer, ni de comparar. Y además hay una cosa que se llama “contexto”. No es lo mismo un comediante diciendo una barbaridad en el contexto de un show, en un teatro al que vinieron un montón de personas a verte y a reírse con eso, que verlo filmado en un videito en Instagram. El teatro siempre fue el lugar para ir a hacer todo lo que en la vida civil no se puede hacer. El arte siempre fue el refugio para todo eso y el stand up es una expresión artística más. Entonces arriba del escenario no solamente uno podría, sino que debería decir lo que uno quiera. Y mirá, si hay gente que se siente ofendida y bueno, no es para tanto tampoco, ¿no?
-¿Cómo te llevás con las redes sociales?
-¡Para el ort.. me llevo! No, perdón por la expresión, pero yo siempre digo que si pudiera vender entradas solo anunciando dónde estoy, le pasaría mis redes sociales a un community manager que ponga las fechas y no haría contenido, ni interactuaría, no haría nada. Siento que me sacan mucho tiempo, me generan mucha ansiedad y dependencia; siendo muy poco lo que me dan a cambio. No me terminan entretener las cosas que veo. Me importa tres carajos mi amigo que se fue a Tailandia y se sacó una foto con una tortilla de papas, - se ríe- soy un ogro.
-Parece que te quedarías afuera de algo.
-Mis amigos, que son gente normal, me comentan todos los posteos, yo no sé ni qué postea la gente. Para que tengas una idea, yo me crié en San Isidro, en un entorno de rugby, de colegios católicos y qué sé yo. Y cuando terminé el colegio, en el 93, lo primero y lo único que quería hacer era estudiar teatro. En aquella época, un pibe de San Isidro que quería estudiar la actuación, ir a Capital con unos hippies faloperos era un escándalo. Después apareció toda una línea de actores chetos, ¿no? De la mano de Cris Morena, pero antes de ese fenómeno los actores eran todos zurdos, bolche, faloperos, p..., reventados. Era algo sacrificado y después se volvió cool.
-Como actor, fuera del stand up, ¿qué te gustaría hacer?
-Me encantaría hacer cine, comedias, muchas, personajes, me gusta involucrarme también con los guiones.
-¿Qué referentes argentinos tenés?
-Te puedo nombrar a Dolina, Fontanarrosa, Les Luthiers. En mi casa todas las cosas que circulaban eran de comedia -las tengo todavía, las atesoro- libros de Quino por ejemplo. Después en tele más cerca en el tiempo, “Cha cha chá” con Alfredo Casero, Pedro Capusotto. Me da bronca que no haya más programas así porque dicen que “no hay comediantes”. Eso es todo mentira: vos vas a los teatros y la gente que hay es recontra talentosa y graciosa. Pero, evidentemente, no lo quieren hacer. No entiendo por dónde pasa.
-Y a vos que vivís de hacer humor ¿qué te divierte?
-Me divierten mucho mis amigos, la gente que me rodea, y me divierto yo mucho, que es una cosa medio rara, a veces mi novia me descubre como un idiota riéndome solo. Me divierten en cosas que no me deberían divertir, las discusiones; yo cuando discuto me río. Cuando yo me acerqué a la actuación antes de llegar al stand up, yo quería ser Marlon Brando, porque mi vieja me hablaba de sus películas, y yo quería ser un actor dramático, que a la gente se le pusiera la piel de gallina con mis actuaciones. Y la risa me fue llevando para otro lado; no lo puedo evitar. Yo tuve una infancia y adolescencia bastante conflictiva, mi familia explotó por el aire, y separación, quilombo, peleas, psicólogos y mudanzas. Creo que a veces no que quedaba otra que refugiarme en el humor para no sentir; la risa como válvula de escape.
Dicky del Solar, un clásico
-Mucha gente te conoció por los videos de Dicky del Solar. ¿Cómo construiste ese personaje?
-Bueno, nació porque me parecía muy loco lo que estaba pasando cuando se debatió por primera vez la ley del aborto. Toda la gente cheta de Zona Norte, rugbiers, y qué sé yo -gente que históricamente siempre ha tenido derechos y privilegios- se oponían, básicamente atravesados por la religión. Y me pareció graciosa esa contradicción. Yo mega millonario... aparte la hipocresía, porque sabemos que después cuando necesitan un aborto lo pagan y lo tienen.
-¿Y hubo gente que se enojó con Dicky?
-No, o no me enteré. Al contrario, yo jugué al rugby muchos años y la gente que se contactó,
que jugaba conmigo en el CASI en aquella época, fue para tirarme buena onda, para decirme “qué bueno lo que estás haciendo” o “a mí también me volvían loco, me hacían bullying, me cagaron a trompadas”. Mucha gente de otros clubes de todo el país, se han contactado para decirme que me agradecían por los videos porque los usaban para visibilizar toda una lógica que tiene el universo del rugby de violencia, de bullying, de clasismo, de homofobia.
Un cachito de Hollywood
Campa filmó “Operation finale” en nuestro país, con dos grosos como son Oscar Isaac y Ben Kingsley, película de 2018 que puede verse en Netflix. Acerca de aquel trabajo “en primera internacional” cuenta que “fue muy flashero, un roce muy superficial con el universo Hollywood, ¿no? Una mega producción de afuera que vino filmar esta película sobre Adolf Eichmann, que era un general nazi que se escapó acá a Argentina después de la Segunda Guerra y la (agencia israeli) Mossad lo viene a buscar”.
-¿Cómo llegaste a formar parte de esa película?
-Fue por casting, yo hablo inglés. Viajamos a Bariloche a filmar y fue muy impresionante, ver ahí, cómo construyeron en el medio de la montaña unas fosas para rodar escenas donde enterraban personas en fosas comunes. Y bueno, verlo a Ben Kingsley, ganador del Oscar, tenerlo tan cerca fue guau.
-¿Tuviste contacto con las estrellas del filme?
-Lo mío fueron un par de escenas con Oscar Isaac, que es un actor que ahora está en la cresta de la ola, aunque fueron un par de días de que no me diera bola. Ni te saludan, aparte siempre de la producción te vienen a decir que no les hablen, no les quemen la cabeza. Es mentira, eso es una cosa más de que se cubren. Me van a odiar los productores, porque estoy tirando mierda a todos, jaja.
A.C



