La opinión de Luis Ventura: cuando la noticia somos nosotros mismos
TE LO DICE ÉL. La lógica es que sean los periodistas los que informen las noticias, pero en el caso de Marina Calabró y Rolando Barbano, que galopan en mesas informativas y periodísticas, terminaron siendo ellos los protagonistas de sus propios elementos de trabajo: justamente, las noticias.
@LuisVenturaSoy
Desde que Iliana Calabró se alegrara en televisión porque su hermanita Marina se marchaba de licencia con su nueva simpatía sentimental, otro periodista, en este caso el especialista en policiales de Jorge Lanata y Ricardo Canaletti en Todo Noticias que es Rolando Barbano, el tema pasó a ser de dominio público.
Lo que parecía una expresión saludable y de buenos augurios pasó a convertirse en una bomba de mecha corta que costaba asumir, y próxima a explotar. Porque esos mismos periodistas que manejan la noticia con responsabilidad, eficacia y conocimiento de manera diaria, no lograban descubrir el lugar en el que debían instalarse cuando el título eran ellos mismos.
¿Cómo explicar esta realidad casi secreta y silenciosa que ninguno de los dos tenía consolidada en esa etapa de experimentación, a la que quedaron obligados ellos sin tener claro qué hacer y hacia dónde ir?
Esos mismos micrófonos y cámaras que ambos suelen movilizar desde la generación de la información, se convirtieron en incisivas armas de asedio y desvelo para los colegas enamorados. No había espacio ni exposición en la que no les preguntaran por su forzado romance, algo para lo que no estaban tan preparados ni uno ni otro.
Aquella infidencia contada alegremente por una hermana verborrágica, contenta por el momento emotivo que vivía Marina, terminó convertida en una generadora de circunstancias no muy masticadas ni digeridas.
Y si bien Calabró parecía la más experimentada en este tipo de noticias de personajes del espectáculos y famosos, lo cierto es que dejó al desnudo a propio Barbano, que se vio obligado a salir a responder sobre historias que jamás había abordado de forma tan abrupta.
Pero un buen día, el peso del vínculo de amor de dos compañeros de trabajo concluyó en una situación de llanto y angustia por parte de ella que reconoció el final en contraposición a él, que pidió que no le preguntara cosas de su vida privada sin dejar claro nada, salvo la ruptura de la pareja que no quiso verse en las tapas y titulares de las publicaciones románticas y amorosas. No hay peor cuña que la de un mismo árbol. Te lo digo yo.
L.V



