Alfredo Alcón, el hombre que fue rey en el escenario
Dueño de un estilo único en la composición de un texto; interpretó como nadie el valor de la palabra, la narración poética y la acción del espíritu literario.
@RFilighera
A juicio de este cronista, Alfredo Alcón ha sido el trágico más importante de la escena argentina. Su voz clara y enérgica, su dominio del escenario, la noción del tempo dramático, la poética del discurso y la relación entre artista y espectador en el espacio vacío, hicieron del intérprete un verdadero emblema artístico. Alfredo Félix Alcón Riesco, su verdadero nombre, nació el 30 de marzo de 1930 y murió el 11 de abril de 2014.
Infancia
Con apenas cinco años, tras la muerte de su padre, Alfredo y familia se trasladaron desde Ciudadela a una casa ubicada en el pasaje El Carpintero, ubicada en el barrio de Liniers. Debido a que su madre trabajaba muchas horas en una fábrica de medias, el entonces niño era cuidado por sus abuelos. Fue así que comenzó sus estudios secundarios en el Cardenal Cisneros, un colegio industrial pero decidió dejarlo, tiempo después, para anotarse en el Conservatorio de Arte Dramático.
Debutó en el cine con su participación en el filme "El amor nunca muere" (1955), no obstante, su primer protagónico se dio cita junto a Mirtha Legrand en "La pícara soñadora" para actuar, después junto a otra grande de nuestros escenarios: Tita Merello, en la película "La morocha". Posteriormente, puso su registro en "Un guapo del 900" y más tarde en "Piel de verano", al lado de otra futura estrella del cine nacional: Graciela Borges.
De esta manera, Alfredo fue gestando una trayectoria rica en matices y búsqueda creativa, erigiéndose el teatro en su canal de expresión más valioso. Precisamente, en 1963, actuó con María Casares en una puesta de Margarita Xirgu para la inmortal "Yerma", en el teatro San Martín. Luego, se puso en el cuerpo y alma de Edgar Allan Poe en la obra "Israfel", de Abelardo Castillo y así fue dando testimonio de desafío y talento en espectáculos como en "Edipo", "Romance de lobos", "Panorama desde el puente", "Las brujas de Salem" y "La muerte de un viajante".
En diversas charlas con este diario, el actor fue recreando numerosas etapas de su vida y carrera, con esa pátina melancólica y sutil de su relato.
"Yo tenía como dos mundos. Uno, el que había que hacer; el de ir al colegio, el de los deberes y el otro que tenía que ver con los universos de la imaginación y que todos los chicos expresan. Iba a la azotea de mi casa y me gustaba mucho jugar en ese ámbito, sólo, un ratito. Cuando estaba con los chicos jugaba al fútbol, eso era lo concreto, reírnos, tocar el timbre de las casas vecinas y salir corriendo. Pero había momentos en que me gustaba internarme en esa soledad".
La azotea
"Estaba lejos de mi mundo cotidiano. Además, ahí había cortinas para lavar y que las utilizaba para disfrazarme. Realizaba diferentes juegos, cosas que había visto en el cine, batallas de piratas, pero, con mis amiguitos también nos imaginábamos otras cosas, sucede que como cualquier persona, todos tenemos un universo privado y uno público y no necesariamente porque expresáramos vocación de actor".
Descubrimiento
"Ya más grande, cuando hacía mal tiempo y llovía, nos quedábamos en la casa de un amigo que tenía una cocina muy amplia y que a la madre le encantaba. En una oportunidad, yo les leí la obra "Ricardo III", un texto que entendía muy poco pero que gustó tanto que los chicos me la pidieron hacer varias veces. Se trataba de una historia de venganza y de muerte que a todos nos apasionó".
Los abuelos
"Ellos fueron claves en mi vida, debido a que mi madre se había quedado viuda y debía a salir a trabajar. Me hicieron conocer el teatro; era gente trabajadora, noble y yo les tenía un enorme cariño. Personas vitales, honestos, que habían trabajado y luchado mucho. Nunca les había sido fácil la vida, como a todos los pobres, pero que tenían una dignidad muy grande. Mis abuelos maternos con los que yo me crie eran castellanos, en tanto, los abuelos paternos, andaluces, provenían de Cádiz".
Misterios
"También mi madrina de bautismo, que era amiga de mis abuelos, me llevaba mucho al teatro; en la casa de ella había una biblioteca muy grande y mi padrino me prestaba libros. Generalmente, uno le busca razones a como empezó la vocación, sin embargo, es muy difícil, poder determinar como se gesta. Uno nunca sabe porque suceden las cosas fundamentales de la vida, son misteriosas en todo sentido. A modo de ejemplo, dos hermanos criados de la misma manera, uno es ingeniero y el otro quiere ser poeta. Vaya a saber cómo surgen esas vocaciones fuertes como la que yo he tenido. Antes de saber que existía el teatro era como si yo lo inventara, como si yo tuviera necesidad de contar cuentos e inventar situaciones. Quería imaginarme ser otra persona".
Carmen Amaya
"A nivel teatral, lo primero que me impactó fue Carmen Amaya. Yo estaba ubicado en un palco, tendría 7 años y estaba acompañado de mi madrina. Recuerdo que, en determinado momento, miré hacia la platea y observé que la gente no tenía el mismo rostro que cuando presenciaban un espectáculo normal. Estaban como espantados, como si un enorme viento les marcara la cara y eso lo producía aquella mujer que tenía una fabulosa potencia. Recuerdo que salía al escenario muy pintada y arregladita y, a los dos minutos, estaba empapada de transpiración y con el pelo revuelto. Y todo eso era verdad. No era que se hacía la temperamental. Esto era real y producía en la gente hasta una cierta incomodidad. No era cómodo ver a Carmen Amaya".
Pasiones
"El arte no tiene que ser, en lo que generalmente lo estamos convirtiendo, algo así como para pasar el rato o hacer la digestión y después de presenciar un espectáculo, ir a comer tranquilos. Todo lo contrario, tendría que ser un lugar de juego apasionado. Por eso, en el caso de la Amaya, generaba el efecto de salirse de control, nadie la veía con indiferencia. Y esto me produjo un temblor ya que al observar a esa mujer tan menudita, tan bajita, que se suponía que no tenía los perfiles básicos de un gran bailarina de flamenco, convertirse en el escenario en un verdadero torbellino de fuego y pasión, nos generaba una imagen marcadamente perturbadora".
Francisco Petrone
"La obra "Un guapo del 900" había sido la gran creación de Francisco Petrone en el teatro. No obstante, Leopoldo Torre Nilsson para el cine no la quería hacer con ese mismo elenco. Leopoldo, que le hacía mucho caso a su padre, le recomendó a un joven actor que era yo. Pude hacer este papel y me sirvió para poder mostrarme y evadirme de mi rol de galancito. En una oportunidad se le hizo un homenaje a Oreste Caviglia que había renunciado a la Comedia Nacional debido a que le habían censurado un texto de Bernard Shaw. Con Caviglia renunció toda la compañía: Ernesto Bianco, Inda Ledesma, Milagros de la Vega, Ilde Pirovano y muchísima gente más. Se le hizo, entonces, una cena a la que a me invitaron. Creo que se trataba de un lugar muy grande, estaba lleno de gente, un hotel, realmente, del que no recuerdo su nombre. Y en la otra punta del salón lo vi a Petrone y fijó su mirada en mi. "Pibe, me sacaste lo que mas quería, pero está en muy buenas manos". Me pareció un gesto de grandeza extraordinario".
Actitud
"Con Petrone hice, después, la película "El reñidero" y el componía a mi padre. En la primera escena que tuvimos juntos, atravesamos un patio grande en medio de un traveling y la cámara nos iba siguiendo en ese trayecto, en silencio hasta ingresar en una habitación. Petrone me decía un texto en el que yo le tenía que contestar, cosa que no ocurría y así tuvimos que reiterar esa escena durante cuatro veces con resultado negativo, circunstancia que me provocó una gran vergüenza. Vino, luego, el director René Mujica y me preguntó que me pasaba. A todo esto, se paró la filmación y Petrone me llevó a tomar un café al bar, me contó cosas de su familia y de sus hijos y, de esta manera, pude distenderme y llevar, finalmente, a cabo esa escena".
Margarita Xirgu
"Fue una gran personalidad. La vi como espectador y tuve la posibilidad de ser dirigido por ella en el teatro San Martín, en oportunidad de realizar la obra "Yerma" junto a María Casares. Me llamaba la atención porque era muy distinta a todos. A mucha gente no le gustaba nada. Era una gran actriz pero podías no soportarla. Todo lo contrario de cierta tendencia actual. No era, en consecuencia, naturalista. Los grandes son verdaderos pero no naturales. Era una mujer bajita con una pequeña voz. Uno veía "Bodas de sangre" por otras actrices y era un drama rural y lo veía por Margarita y estaba ante la presencia de una tragedia. Ella te llevaba a esa zona profunda ".
Nilsson
"Leopoldo fue la persona que creyó en mi desde el comienzo. El autor Samuel Echelbaun cuando se enteró que yo iba a realiza "Un guapo del 900" en el cine quiso retirar el contrato de permiso con sus abogados para que yo no la filmara. Era lógico que pensará así porque yo tenía una carita de nene lindo y el único que me veía con posibilidades para hacer ese papel era Leopoldo Torre Nilsson. El fue un hombre con mucho humor, muy tierno, solidario y sobre todo, manifestabe un incalculable respeto por la gente que formaba parte de la película, desde la estrella hasta el trabajador más humilde".
José Slavin
"Con Slavin trabajé en el teatro y, también, en el cine. Era un hombre que ostentaba una enorme vocación de actor. El presentía que tenía poco tiempo y un día me lo dijo y yo pensé, en ese momento, que exageraba, más allá de sus problemas de salud. Tenía una gran ansiedad por hacer cosas y conmigo siempre fue muy generoso".



