La búsqueda del tiempo perdido
Estrenada en 1985, "En boca cerrada" es una obra costumbrista que propone explorar tópicos como la represión y la identidad sexual. Leé más en la nota.
@Rfilighera
La obra "En boca cerrada", del autor Juan Carlos Badillo, en su primera y exitosa incursión por la dramaturgia nacional, se conoció en el teatro Fundart, ubicado entonces en avenida Corrientes a metros de Esmeralda y del histórico y demolido Odeón. En definitiva, se trataba de un apéndice de aquel teatro fundacional.
Como se recordará, era una sala ubicada en un subsuelo, de bello estilo arquitectónico y con capacidad para unos 400 espectadores. La destrucción del Odeón y también del Fundart para realizar una playa de estacionamiento y, actualmente, un edificio de departamentos comerciales, formó parte de un verdadero atentado a la historia y las raíces de la cultura argentina, ocurrido en los años del gobierno menemista.
Este espectáculo se conoció en el verano de 1985. El elenco estaba compuesto por Norberto Díaz, Alberto Busaid, Fernando Lúpiz, Chany Mallo, Ángela Ragno y Beatriz Galán, con la dirección del maestro Agustín Alezzo. Se trató de una obra costumbrista, centrada en el seno de una familia que vive en el interior del país y que con la vuelta de Víctor (Norberto Díaz) se comenzará a replantear una serie de circunstancias que pondrán en tensión permanente la aparente armonía existente.
El regreso dará lugar a diversos flashbacks, idas y vueltas entre el pasado y el presente que instalarán la angustia. El relato se sitúa entre los últimos tiempos del gobierno de Isabel Perón y la instalación de la dictadura militar. El miedo, la falta de libertades individuales, la identidad sexual, la represión, el ataque a lo distinto, fueron expuestos por Badillo en esta atmósfera pueblerina, de pasiones y odios; una suerte de olla a presión que puede llegar a explotar en cualquier momento.
Precisamente, la homosexualidad del personaje de Norberto Díaz y el reencuentro con su amigo, rol a cargo de Fernando Lúpiz, ponen al descubierto heridas abiertas que no han sido cicatrizadas con el paso del tiempo. La relación con su padre, de pensamientos conservadores (un excepcional Alberto Busaid) y el vinculado entablado con las mujeres de la familia, las muy efectivas Ángela Ragno, Chany Mallo y Beatriz Galán, van armando un rompecabezas en donde ese aparato represivo familiar va hacer mella en la estructura psíquica y emocional de Víctor, que tratará de reconstruir su vida como una apuesta a la libertad.
La dirección de Agustín Alezzo diseñó con mano maestra un duro y atractivo dibujo de mentalidades, deseos y represiones; una suerte de viaje a las profundidades de la mente y el alma humanas. La música de Rodolfo Medros les puso el toque de nostalgia y la poesía a todos aquellos sueños perdidos.



