Adriano recordó la noche en la que se enfiestó con 17 mujeres y gastó 17 mil dólares
La anécdota del ex delantero de la Selección de Brasil es parte de un duro momento que atravesó durante 2015. Tremenda carta en la que relata momentos oscuros de su paso por el fútbol.
Como en sus épocas de gloria con la redonda en sus pies y en un grito de gol, el temible Adriano, ex delantero de la Selección de Brasil, contó algunos detalles de su vida privada mientras era jugador de fútbol.
En la autobiografía “Adriano, meu medo maior”, el ex atacante que se desempeñó en varios clubes de Brasil e Italia y culminó su carrera en la MLS relato una historia de 2015, cuando se enfiestó con 18 mujeres en Río de Janeiro.
La anécdota data de la época en la que ya estaba en problemas en Atlético Paranaense, el anteúltimo equipo de nueve clubes en los que jugó, y, angustiado porque se le había frustrado su vuelta a Europa para jugar en Le Havre, decidió armar una gran fiesta.
Allí, para ahogar las penas, armó una fiesta con sus amigos en un burdel de Río de Janeiro llamado Motel Vip’s de Copacabana. “Me puse la bata, pedí mi whisky y comencé a relajarme. Me volví hacia los muchachos y les dije: ‘Hoy los voy a llevar a todos. Hoy será la fiesta de Adriano en el Vips’“, contó el exfutbolista en alusión al nombre del establecimiento nocturno.
“Le mandé un mensaje a unas conocidas y organicé la Zona. No exagero. Llamé a 18 chicas. ‘Puedes venir y yo pago. La fiesta estará buena’. Llegamos al hotel 18 chicas y 3 tipos. Uno de los guerreros se enamoró y pasó la noche con una sola. Quedaron 17 para dos de nosotros, pero siempre me gustaron los grandes partidos, nunca me dejaron intimidar los desafíos de la vida”, recordó Adriano.
De hecho, según había informado el medio brasileño ‘Extra’ en su momento, el por entonces jugador había gastado de 17 mil dólares en una sola noche.
Al mismo tiempo, en su relato con ‘The Players’ Tribune’, en una carta que se hizo viral, Adriano rememoró el día que empezó a tomar bebidas alcohólicas. “Tenía 14 años y en nuestra comunidad todos estábamos de fiesta. Tomé un vaso de plástico y lo llené de cerveza. Aquella espuma amarga y fina que bajaba por mi garganta por primera vez tenía un sabor especial. Un nuevo mundo de ‘diversión’ se abrió ante mí. Mi madre estaba en la fiesta y vio la escena. Se quedó callada, ¿no? Mi padre… Mierda. ‘Para ahí mismo‘, gritó. Corto y grueso, como siempre”.
LA CARTA VIRAL DE ADRIANO EN LA QUE RELATA TODOS SUS EXCESOS
“Sé lo que se siente ser una promesa, y también una promesa incumplida. Yo soy el mayor desperdicio del fútbol. Me gusta esa palabra: ‘desperdicio’, porque estoy obsesionado con desperdiciar mi vida. Estoy bien así, en un desperdicio frenético, disfruto de ese estigma.
No tomo drogas, como intentan demostrar. No me gusta el crimen, aunque podría haberlo hecho. No voy a discotecas. Siempre voy al mismo lugar de mi barrio. Bebo cada dos días, sí. Y los otros días también. Bebo porque no es fácil ser una promesa que sigue en deuda.
Me llaman ‘Emperador’. Un tipo que dejó la favela para recibir el apodo de Emperador en Europa. ¿Cómo se explica? No lo entendí hasta hoy. Tal vez algunas cosas sí hice bien.
Una de las cosas que más me sorprendió cuando me mudé a Europa ES que las calles estaban en silencio. La gente no se saluda. Todos se mantienen separados. La primera Navidad que pasé en Milán fue dura para mí. El fin de año es una época muy importante para mi familia. Reunimos a todos.
Cuando fui al Inter, sentí un golpe muy fuerte en el primer invierno. Llegó la Navidad y me quedé solo en mi apartamento. Hace mucho frío en Milán. Esa depresión que golpea durante los meses helados en el norte de Italia. Todos vestidos de oscuro. Las calles desiertas. Los días son muy cortos. El clima está húmedo. No tenía ganas de hacer nada. Todo esto se combinó con la nostalgia y me sentí como una mierda.
Seedorf fue un amigo increíble, él y su esposa prepararon una cena y me invitaron. Estaba todo muy bonito y delicioso, pero la verdad es que quería estar en Río de Janeiro. Ni siquiera pasé mucho tiempo con ellos. Me disculpé, me despedí rápidamente y regresé a mi departamento. Llamé a casa. ‘Hola, mamá. Feliz Navidad’, dije. ‘¡Hijo mío! Te extraño. Feliz navidad. Están todos aquí, el único que falta eres tú’, respondió.
Se podían escuchar las risas de fondo. El sonido fuerte de los tambores que tocan mis tías para recordar la época en que eran niñas. Podía ver la escena frente a mí con solo escuchar el ruido por teléfono. Maldita sea, comencé a llorar de inmediato.
Lloré muchísimo. ‘Está bien, mamá. Disfruta entonces. Que tengas una buena cena. No te preocupes, aquí todo está bien’. Estaba destrozado. Cogí una botella de vodka. Bebí toda esa mierda solo. Lloré toda la noche. Me desmayé en el sofá porque bebí mucho y lloré.
Intenté hacer lo que ellos querían. Negocié con Roberto Mancini. Lo intenté mucho con José Mourinho. Lloré en el hombro de Moratti. Pero no pude hacer lo que me pidieron. Me mantuve bien durante algunas semanas, evité el alcohol, entrené como un caballo, pero siempre había una recaída. Una y otra vez. Todos me criticaron. No pude soportarlo más.
La gente decía muchas tonterías porque todos estaban avergonzados. ‘Vaya, Adriano dejó de ganar siete millones de euros. ¿Renunció a todo por esta mierda?’ Eso es lo que más escuché. Pero no saben por qué lo hice. Lo hice porque no me encontraba bien. Necesitaba mi espacio para hacer lo que quería hacer.
Lo único que busco en Vila Cruzeiro es paz. Aquí camino descalzo y sin camiseta, sólo con pantalones cortos. Juego al dominó, me siento en la calle, recuerdo mi infancia, escucho música, bailo con mis amigos y duermo en el suelo. Sólo quiero estar en paz y recordar mi esencia.
Aquí me respetan verdaderamente, veo a mi padre en cada uno de estos callejones. Vila Cruzeiro no es el mejor lugar del mundo, es mi lugar”.




