¡A MIRARLAS!

"Backrooms: sin salida" y "Obsesión": dos fenómenos que revolucionaron el cine de terror

Hoy en la cartelera de los cines argentinos tanto "Backrooms" como "Obsesión" son un éxito de taquilla por su novedosa manera de ver al terror y de contarlo, alejado de los métodos más tradicionales.

Entre los estrenos de cine más vistos de las últimas semanas se encuentran "Backrooms: sin salida" y "Obsesión", dos películas con un terror más psicológico, más cognitivo que apunta más a la incomodidad y a la perturbación que al susto inmediato del más tradicional. 

Este género suele ser uno de los predilectos del público en todo el mundo, no solo por su habilidad para hacer erizar la piel, activar el sentido de la intuición, el oído y la vista con una cadena de estímulos que parecen no tener fin, sino también por la sensación de adrenalina que brinda el miedo sin consecuencias reales y la emoción de asustarse sabiendo que al salir del cine o apagar la pantalla, el peligro desaparece.

¿De qué se tratan "Backrooms: sin salida" y "Obsesión", las dos películas que rompen récords en las salas?

¿De qué se tratan "Backrooms: sin salida" y "Obsesión", las dos películas que rompen récords en las salas?

¿De qué se tratan "Backrooms: sin salida" y "Obsesión", las dos películas que rompen récords en las salas?

Por un lado tenemos "Backrooms: sin salidas", una producción de Kane Parsons protagonizada por Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, que sale de lo conocido para meterse en un universo nuevo donde los miedos no tienen una forma definitiva. La historia sigue a Clark, un arquitecto con frustraciones que terminó administrando una tienda de muebles y pasando sus noches ahí, porque su esposa lo echó de casa.

En ese momento de suma pérdida y crisis existencial terminó yendo a terapia para tratar de entender en qué momento todo se desordenó. Un día encuentra algo en el sótano que no debería existir, una rendija de luz en una pared que lleva a otro lado, pero al tratar de descubrir lo que había se encontró con los Backrooms: un laberinto infinito de pasillos amarillos con oficinas vacías, muebles deformados y el sonido ensordecedor de las luces florencentes que alumbraban de forma tenue el lugar. 

Un lugar que se parece al mundo real , pero con cambios abruptos que lo vuelven una copia imperfecta y casi desorbitante de la realidad y ahí está la trampa, porque cuanto más explorás, más difícil es salir. No solo del laberinto. De vos mismo. 

Su director solo tenía 16 años cuando ideó el concepto como una serie de cortos en YouTube, convirtió uno de los "creepypastas", de las películas de terror independientes más virales de internet en la película más taquillera de la historia de A24. Y eso nos dice algo sobre el momento en que vivimos, porque para que una película así funcione a esa escala, algo en todos nosotros tiene que reconocer ese miedo. 

Por otra parte, se encuentra "Obsesión", una película con un puntapié inicial bastante conocido dentro del género, el amor que se convierte en algo oscuro  pero con una modalidad de producción que la hace destacar y la diferencia de todo lo que circula dentro del género.

Acá nos encontramos con la historia de Bear (Inde Navarrette), un chico que está enamorado de su mejor amiga de la infancia, Nikki (Michael Johnston), con quien trabaja en una tienda de música. Un día, desesperado, rompe un juguete esotérico que promete conceder deseos y pide que ella lo ame más que a nadie en el mundo. El deseo se cumple. Y ahí empieza el problema.

Porque Obsesión no te muestra el amor romántico que Bear imaginaba, te muestra lo que el amor sin límites realmente parece cuando se vuelve real. Una posesividad que escala, que no tiene freno, que no distingue entre el afecto y el control. Una película que arranca como comedia romántica y termina siendo una de las experiencias más perturbadoras del año.

Dirigida por Curry Barker, otro creador surgido de internet igual que Parsons, está a punto de superar los 100 millones en taquilla. Y eso no es casualidad, es la confirmación de que el terror de hoy no necesita grandes presupuestos ni monstruos con forma definida. Le alcanza con tomar algo cotidiano, algo que todos conocemos, y llevarlo un paso más allá de donde debería estar.

Lo que hace que ambas funcionen no es lo que muestran sino lo que activan. Las dos parten de un drama familiar o cercano, un espacio de trabajo, una amistad de toda la vida  y lo llevan a un lugar donde las reglas dejan de aplicar. Y eso es exactamente lo que hace el miedo real: no viene de afuera, viene de algo que ya conocías y que de repente no reconocés más.

Que las dos hayan sido creadas por jóvenes formados en la web no es un dato menor. Parsons y Barker no aprendieron a asustar en una escuela de cine aprendieron a dar el impacto en YouTube, en foros, en el scroll de las tres de la mañana. Saben exactamente cómo funciona la ansiedad contemporánea porque la viven. Y eso se nota en cada escena.

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