Silvina Belcastro y Facundo Verdini en "Código Libre": "Entre los artistas tenemos ganas de explorar todos los mundos"
Una charla que revela cómo el cuerpo se convierte en un territorio para crear, expresar y transformar. Los detalles, en la nota.
En un nuevo episodio de Código Libre, Nar Yoli abre un espacio íntimo y profundamente artístico para conversar con Silvina Belcastro, artista plástica y tatuadora, y Facundo Verdini, estilista que entiende el cabello como una forma de identidad. Ambos comparten sus recorridos, motivaciones y miradas sobre cómo el cuerpo funciona como un lienzo vivo donde se escriben historias.
El encuentro reúne dos universos creativos que, aunque diferentes en técnica, coinciden en sensibilidad. Desde la piel hasta el pelo, Silvina y Facundo muestran cómo cada trazo, cada color y cada movimiento pueden contar quiénes somos, cómo nos sentimos y qué deseamos transformar. Sus relatos combinan humor, vulnerabilidad y una pasión auténtica por el arte hecho cuerpo.
Silvina Belcastro: del arte al tatuaje, sin perder la esenciaLa pandemia marcó un punto de quiebre en la carrera de Silvina, que decidió reinventarse cuando sus clases quedaron suspendidas.
“Entre los artistas tenemos ganas de explorar todos los mundos. Yo exploré varias ramas. Cuando llegó la pandemia me quedé sin dar clases y pensé: ¿ahora qué hago? Ahí tomé un curso online de tatuaje sobre piel sintética. No tenía ningún tatuaje en mi cuerpo, no por algo especial, sino porque nunca encontré una estética que fuera con mi cuerpo. Me animé y así empezó esta carrera”.
Desde su visión, tatuar no es solo decorar: es un acto emocional, íntimo y, muchas veces, reparador.
“La gente con un tatuaje quiere contar historias de vida. A veces es decorativo, pero también puede ser sanador: tatuajes sobre cicatrices, manchas, estrías o celulitis. Es un mundo muy amplio”.
En cuanto a sus temas favoritos, Silvina se deja llevar por la belleza orgánica:
“Me fascinan las flores, las mariposas, las abejitas, todo lo que sea naturaleza. Me encanta lo floral y me fascina el arte del siglo XIX”.
Y, entre risas, revela un costado inesperado:
“Te confieso que también me gusta cortar el pelo, jaja”.
Facundo Verdini: del sueño frustrado del fútbol a una vida entre tijerasLa historia de Facundo también nació de la reinvención, aunque en su caso vino por una lesión.
“Arranqué desde muy chiquito, a los 14 años. Iba al colegio y a la tarde entrenaba porque jugaba al fútbol, pero tenía problemas en las rodillas. Mi mamá me dijo: ¿por qué no empezás un curso paralelo al colegio?, porque se daba cuenta de que era bueno con las manos, armando y desarmando cosas. En mi familia se respira arte, así que probé peluquería. Me anotó en la academia, me compró todo y fui”.
Con honestidad, recuerda el peso social que sintió al elegir este camino:
“Me sentía raro porque no era común ser peluquero, había mucho prejuicio, pero me sentía bien”.
Ese primer corte fue decisivo:
“El día que hicimos el corte de puntas dije: esto es para mí. Ahí me enamoré. Después seguimos creciendo y ahora hacemos arte caminando, en las calles, en los bares”.
Facundo también destaca la versatilidad emocional del cabello:
“El pelo, a diferencia del tatuaje, cambia según tu estado de ánimo. El cabello habla de vos”.
Y revela cómo enfrenta las decisiones de sus clientes:
“Con los clientes trato de hablar para que no se hagan cosas que no les van a quedar bien. Pero si vienen decididos, igual se les hace”.
Conectados por el arteCódigo Libre vuelve a demostrar que el arte aparece en cada rincón donde hay una historia por contar. Silvina y Facundo lo confirman: el cuerpo es un territorio político, emocional y creativo que invita a explorarlo sin miedo.
Sus recorridos inspiran, emocionan y recuerdan que la identidad también se construye con tinta, color y movimiento.
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