Guillermo Battaglia, el eterno maldito

Intérprete de carácter, con firmes rasgos en la vena dramática. Enrolado frecuentemente en esos personajes de villanos y tipos "duros", sin embargo hizo alarde de sus condiciones histriónicas en todos los géneros. Trabajó casi hasta el final de su vida. Fue actor, director, autor y maestro esencial en el difícil arte teatral.

La postura, la dicción, el gesto, la respiración, todo, absolutamente, todo, formaba parte de la fisonomía de un actor integral, obsesionado con el estudio y la génesis de cada personaje. Nada era dejado al azar en la construcción de sus respectivos roles. Protagónicos o secundarios, para Guillermo Battaglia llevaban el sello de una dinámica anclada en todo tipo de desafíos. Y la acentuación de cada palabra, el color que le daba a cada frase nos daba cuenta de la particularidad de ese personaje.

Su sola presencia imponía la autoridad que ameritaba en un escenario teatral o en un set cinematográfico. La impostación de su voz era llevada, muchas veces, hasta el paroxismo, construyendo a ese asesino o maldito en cuestión, sin medias tintas. Sus personajes, en definitiva, no tenían grises: todo era blanco o negro. Y el espectador lo comprendía desde el vamos. 

Guillermo Bataglia nació el 7 de diciembre de 1899 y murió el 26 de setiembre de 1988. Además de actor incursionó, a modo maestro, en la dirección, tanto en el teatro como en el cine y la radio. Estaba casado con una gran intérprete de nuestros escenarios: la recordada Nora Cullen.

Cabe recordar que era sobrino de un reconocido actor teatral- muy valorado en toda la historia del teatro nacional- del mismo nombre, fallecido en 1913 y, precisamente, esa identidad de nombre le genero varias dificultades para presentarse en sociedad en sus comienzos artísticos.

Guillermo Battaglia, el eterno maldito
En el filme "Como tú lo soñaste". (Foto Archivo Diario Crónica)

La vocación siempre estuvo presente. Cursó hasta cuarto año en el Colegio Nacional y debutó en los escenarios en 1917, oportunidad que lo hizo en la compañía de Angelina Pagano, en la obra "La ofrenda", espectáculo que se dio a conocer en el teatro "Buenos Aires". Con el devenir de los años, actuó en las huestes de Pablo Podestá e integró grupo de singular valía: Camila Quiroga. Realizó, precisamente, una gira por Europa en 1921, circunstancia que lo provisionó de una enorme experiencia profesional. Años más tarde, En 1925 volvió a trabajar con Angelina Pagano y después lo hizo en el recordado teatro Odeón bajo la dirección de Enrique T. Susini y Antonio Cunill Cabanellas. Más adelante puso su aporte escénico en el Teatro Nacional Cervantes y en la Comedia Nacional de Montevideo, Uruguay, donde se destacó en 1940 al encarnar al protagonista de "Don Basilio mal casado" de Tulio Carella.

Su puntapié inicial en el cine estuvo centrado en la etapa muda, puntualmente, a través de su participación, en 1917, en una película de contenido histórico: "Federación o muerte".

Posteriormente, se darían cita títulos inolvidables de la etapa sonora, con su particular y emblemático sello de actor vinculado a los personajes malditos o de carácter autoritarios. "Todo un hombre", "Se abre el abismo", la supuestamente escandalosa "El ángel desnudo", "La muerte camina en la lluvia" y "Los verdes paraísos". Un punto importante de su carrera fue, también, su trabajo en el exterior, puntualmente, en Chile, en 1946, donde rodó "La dama de la muerte", dirigida por Carlos Hugo Christensen. Cabe señalar que fue uno de los intérpretes preferidos de dos directores  emblemáticos de nuestra cinematografía: el francés Daniel Tinayre - esposo de la legendaria Mirtha Legrand-Enrique Carreras, con quienes participó en una valiosa lista de filmes y en donde expuso, probablemente, una de sus mejores etapas como actor.

Y si bien logró un particular brillo como actor soporte de las grandes figuras del cine nacional, sus roles de protagónico lo ungieron como uno de nuestros intérpretes insoslayables. En este sentido, se puede citar al filme "El regreso" y la recordada versión de "Filomena Marturano" junto a Tita Merello y Alberto de Mendoza .

Guillermo Battaglia, el eterno maldito
Junto a Hugo del Carril en "Historia del 900".

En tanto, el gran Leopoldo Torre Nilsson lo convocó para dos obras mayores de nuestra cinematografía: "El protegido" y la revolucionara "La casa del ángel". En las décadas del 60 y 70 si bien mermaron sus participaciones cinematográficas, empero, cada una de sus actuaciones lograban, siempre, el reconocimiento de la crítica, como así también del público, en general.

En los últimos años de su trayectoria fue reconocido y ovacionado por su participación en filmes de las características de "La historia oficial", de Luis Puenzo, junto a Norma Aleandro y Héctor Alterio. Precisamente, por "La historia oficial", Battaglia fue distinguido con el premio de la Prensa latina de Nueva York. Y la docencia, en su caso, no estuvo ausente durante su dilatada trayectoria, habiendo sido maestro de renombrados intérpretes. La radio, por otra parte, no le fue esquiva y junto a su esposa, Nora Cullen, participó en varios radioteatros de particular cuño.

 

Charla íntima con "Crónica"

 

En una de las tantas charlas mantenidas con "Crónica", Guillermo Battaglia había manifestado sin ambages que "Jamás trabajé en televisión ni tampoco lo pienso hacer".

-¿No es un medio artístico válido para usted?

-Es que no hablo mal de la televisión en sí, como medio, sino del uso que se hace de ella, de los premios que se otorgan a sus "galanes", ya que todo esto tiene un solo fin y corresponde a una mera cuestión de publicidad.

-¿Acaso no pueden ser citada como estímulo para las jóvenes actores?

-¡De ninguna manera! Creo, en todo caso, que se trata de una especulación comercial más que de un estímulo al arte. Además, por obra de la tevé como del cine, se han desalojado a los personajes y se han introducido a las personas. Y esto ha generado una verdadera fotocopia de la realidad. Y como decía el escritor ruso Antón Chejov: "El arte es con respecto a la naturaleza, lo mismo que si se recortara la tela de un cuadro- haciendo un agujero en un cara pintada- y en lugar de la nariz pintada, nosotros hiciéramos asomar la nuestra. Es muy natural, efectivamente, pero no tiene nada que ver con el resto del cuadro o con el arte en sí. Eso es cuando me refiero a la incorporación de los personas en lugar de los personajes. No veo en ello arte".

Nos agregó, en este sentido, que "Con ello quiero decir que se ha convertido en un negocio que está llevando el ejemplo de Chejov sobre la tela pintada y el efecto de la naturaleza a extremos insospechados".

 

 

Guillermo Battaglia, el eterno maldito
En 1984, "Crónica" lo reunión con Olga Zubarry para conmemorar a "El Ángel desnudo"..

-Entonces, ¿la televisión es un inmenso complejo comercial en el que no hay arte posible?

-Digamos que no se hace arte, si bien existen posibilidades para ello. Todo está aumentado monstruosamente por la propaganda y la publicidad. Es como ver una polilla agranda mil veces por el microscopio. No me gusta, realmente, porque no se ensaya lo necesario. Y, además, se es esclavo de lo que quiere el avisador o de cualquier otro invento que no tiene nada que ver con el arte.

-¿Tampoco hay actores o actrices que por su trayectoria artística-aunque trabajen en televisión- sean válidos para usted?

-No es para tanto. Sí reconozco a muchos actores y actrices televisivos que son excelentes intérpretes. Pero, fíjese usted, se trata de intérpretes nacidos en el seno del teatro y con amplia formación en este ámbito. Le doy algunos nombres: Thelma Biral, María Rosa Gallo, Alfredo Alcón, el inolvidable Ernesto Bianco, Federico Luppi y muchos otros más.

Una y otra vez, el maestro sostuvo que "el actor que trabaja en la televisión lo hace para vivir, para poder subsistir. Es una manera de durar porque la televisión se ha convertido en el pan de cada día. Lamentablemente, el actor se ha convertido en víctima de una organización comercial".

-Pero, el actor, tiene amplia libertad para poder elegir el ámbito en quiere trabajar.

-Si, es verdad, aunque terminan por convertirse en el entorno que apoya a esas grandes figuras, valores falsos e intrascendentes. Y ahí es donde me pregunto: ¿qué función entonces cumple el verdadero actor? Además, hechos como que los elencos estén formados alrededor de una "figurita" de sostén o el que de una modelito- que apenas sabe expresarse correctamente- haga teatro, me llevan a cuestionar al medio televisivo.

-¿La televisión, puede llegar- según usted- a cumplir un cometido artístico?

-Por ejemplo, si fuera como el cine. Contando con mucho tiempo y criterio para poder realizar un buen programa. Entonces, yo no tendría problemas en hacer televisión. Eso sería arte y no encontraría objeciones de ningún tipo. Pero, de ninguna manera, me presto a la condiciones que imperan en la actualidad.

Comentó que en los últimos años "me dedico a escribir y tengo, en este sentido, ocho obras ya finalizadas, entre las que se cuentan "Estamos solos" y "Un solitario corazón". En una de ellas hay  un personaje de mi edad, escrito, por sobre todas las cosas, para poder realizar en teatro". Asimismo destacó que "no hay que olvidar las gratificaciones que brindan los grandes espíritus y los sentimientos más profundos. Hoy en día se convierte lo real  del cuerpo en algo diferente y superior. Se cree que con el sexo se puede sustituir esa transmutación de lo humano que es el arte".

Volvió a subrayar don Guillermo que "si la televisión se hiciera como el cine, con tanto tiempo y garantías, ¿Qué problema tendría en poder trabajar para ella. Pero no se olviden de mis años. Dedique mi vida al arte y es una vida, la mía, la que se va terminando".

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