FARÁNDULA

Mila Yankelevich: a dos meses de la tragedia en Miami, se conocieron datos escalofriantes de dos testigos y cambiaría la carátula penal

Nuevos testimonios desmienten la versión del capitán y pintan un cuadro de negligencia absoluta. Lo que vieron esos ojos resulta desgarrador. Leé los detalles en la nota.

Transcurrieron dos meses de la tragedia que golpeó a la familia Yankelevich, con la muerte de Mila, la pequeña de siete años, hija de Tomás y nieta de Cris Morena. Este hecho no solo sumió en un duelo profundo a la comunidad artística, sino que dejó una herida abierta cargada de interrogantes. En medio de este dolor y del constante recuerdo de la niña, que se volvió público tras su partida, emergen ahora detalles estremecedores sobre el accidente de barcos que le costó la vida, revelados por testigos clave.

A dos meses de la trágica muerte de Mila Yankelevich, se conocieron datos escalofriantes del accidente

 

La investigación en la bahía de Biscayne, frente a Hibiscus Island, avanza para determinar responsabilidades sobre el impacto. Mientras las autoridades realizan todo tipo de pruebas al conductor de la barcaza, el periodista Martín Candalaft  reveló en "DDM" un dato crucial: existen dos testigos directos, trabajadores que presenciaron todo y que declararon ante la justicia estadounidense. Uno de ellos es William Cruz, de 40 años, quien en ese momento fatídico se encontraba en el techo de una casa de la isla.

El relato de Cruz es desgarrador por su claridad: “Vi un barcaza que iba a toda velocidad hacia un pequeño bote de colores brillantes que no se movía”. Este punto es fundamental, como remarcó Candalaft, porque constituye el primer testimonio directo que confirma que el velero donde viajaba Mila, junto a otros campistas, estaba detenido en el agua, sin ninguna posibilidad de maniobrar para esquivar la embestida. 

El cuadro se completa con la descripción de los desesperados intentos por evitar lo inevitable. Los techistas relataron que vieron a un tripulante con una camisa verde laboral en el costado de la barcaza. “Si el tripulante nos hubiese visto, la barcaza podría haberse desviado. Aproximadamente, 30 segundos después de que empezamos a gritar, el tripulante de camisa verde vio al velero lleno de campistas y vimos a los niños y al consejero hacer señas para que se detuvieran”, agregó el testigo. Su grito de alerta fue inútil en un primer momento.

El otro testigo, Aldo Melgar, aportó un dato concluyente: “el capitán escuchó nuestros gritos porque el motor se apagó y la barcaza se detuvo muy rápido pero ya era demasiado tarde. Sonó como un trueno en el momento en que la barcaza impactó con el pequeño bote y empecé a gritar: ‘los mató, los mató’, habíamos estado gritando pero no nos oían”. Candalaft esclareció el orden de los hechos: “El capitán nunca vio lo que tenía adelante, fue el tripulante de camisa verde que le avisa y ahí apaga el motor”. Esta secuencia, donde la advertencia llega tarde, pinta un escenario de negligencia que, a más de dos meses del suceso y sin imputados, hace suponer que la justicia podría estar considerando esto como un simple accidente.

 

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