@Rfilighera

Pocas figuras como Peggy Sol han tenido un abordaje de tanta magnitud escénica. Sus perfiles creativos en el terreno de la interpretación como vedette, actriz, cantante, bailarina, directora y guionista la ungieron en los planos más elevados de la consideración del público y también del periodismo.

Cabe recordar que en televisión expuso su talento para diferentes programas musicales a fines de los años sesenta y principios de los setenta. Por otra parte, en cine, se destacó en varios filmes de Julio Saraceni y Hugo Sofovich y en teatro, de la mano de Alejandro Doria, Juan Carlos Thorry y José María Paolantonio, intervino en recordadas piezas como "Recuerdos del viejo Buenos Aires", "Las muchachas del tiempo aquel", "Doña Flor y sus dos maridos" y "El violinista en el tejado". Por otra parte, su debut en el género revisteril fue en el Maipo junto con Norma Pons, Jorge Porcel y Javier Portales, bajo la dirección de Gerardo Sofovich.

Luego vino la producción que nos ocupa en estas líneas y que se llevó a cabo en formato de gira por diferentes localidades del interior del país. Nuevamente, Peggy tuvo la oportunidad de trabajar con grandes intérpretes del universo de la revista en una producción de buena repercusión taquillera, junto con María Concepción César, Adriana Parets, Osvaldo Pacheco y Pato Carret.

Peggy
Peggy se volcó a la revista por sugerencia de su pareja de esos años, el compositor Acho Manzi, quien le recomendó realizar todo género artístico

El espectáculo se desarrolló durante seis meses y llegó prácticamente a todo el país. Fue así como un grupo importante de público que no había tenido hasta ese momento la posibilidad de conocer la revista logró cumplir su deseo.

En este sentido, Peggy transitó el rol de vedette con encanto y oficio y, además, lo combinó con sus dotes de sensible cantante. A todo esto, la ductilidad del inolvidable Osvaldo Pacheco, actor de grandes recursos para el género de la comedia y el drama, deslumbró también en esta propuesta con sus bondades interpretativas para el humor y la picardía porteña, veta que, por otra parte, de manera también eficaz, expuso el histórico Rafael Pato Carret, figura legendaria del cine argentino.

Peggy siempre recuerda esa gira con afecto, ya que la gente del interior espera a las grandes figuras con una enorme devoción. Por esos años los espectáculos de Buenos Aires recién empezaban a asomar por otras localidades del país.

Peggy se volcó a la revista por sugerencia de su pareja de esos años, el compositor Acho Manzi, y pudo aplicar ese enorme bagaje de conocimientos y disciplinas artísticas en la revista, lugar donde brilló indiscutidamente. Uno de sus últimos aportes para el teatro fue su unipersonal "París no era una fiesta", en homenaje a la legendaria actriz francesa Sarah Bernhardt.