Entre nostalgia y fiesta: Pity Álvarez volvió a brillar en Córdoba tras siete años de silencio
Con un show preciso, cargado de clásicos y emoción, Pity selló una noche donde la música fue el único pacto posible.
El Pity Álvarez volvió a encontrarse con su público en una noche que quedará marcada en la historia reciente del rock nacional. El sábado, el Estadio Mario Alberto Kempes se llenó de expectativa, emoción y una comunión que atravesó generaciones: más de 35 mil personas viajaron desde distintos puntos del país para presenciar el regreso de un músico cuya figura nunca dejó de alimentar leyendas, admiración y polémica.
El inicio fue tan sorpresivo como contundente. Puntual, sin demoras ni sobresaltos, el exlíder de Viejas Locas e Intoxicados subió al escenario y sostuvo un show de dos horas y media con una precisión poco habitual en su carrera. Todo parecía pensado al detalle, como si el mensaje fuese claro desde el primer acorde: esta vez, el centro absoluto sería la música.
El regreso se dio luego de siete años de silencio y de un período profundamente complejo en la vida del artista. Su nombre quedó marcado por la tragedia de 2018 y por una larga lucha con las adicciones y la salud mental. Tras atravesar instancias judiciales, tratamientos psiquiátricos y períodos de internación, Pity volvió a escena sin discursos grandilocuentes ni explicaciones: la noche se desarrolló lejos de los viejos fantasmas de la imprevisibilidad, con una normalidad cuidada y respetuosa.
Desde temprano, familias, grupos de amigos y jóvenes coparon el estadio con camisetas que remitían a dos décadas de rock callejero. Una cuenta regresiva en las pantallas marcó la hora exacta del comienzo. Pity apareció vestido con botas y pantalón a rayas, acompañado por una banda sólida de músicos experimentados y una puesta en escena dominada por luces y vientos. En un gesto simbólico y afectuoso, roció a su equipo con purpurina plateada “para que brillaran literalmente”, reforzando el clima de celebración compartida.
El repertorio fue un viaje directo al corazón de su obra. Abrió con “Intoxicado” y rápidamente encadenó una seguidilla de clásicos que encendieron al estadio: “Me gustas mucho”, “Volver a casa”, “Mirta”, “Una vela”, “Está saliendo el sol”, “Fuego” y “Lo artesanal”. Hubo momentos de emoción profunda con “Homero”, dedicada a su padre, y un desahogo colectivo en “Nunca quise”, que provocó lágrimas y abrazos entre el público.
Sin grandes parlamentos, pero con gestos constantes de gratitud, Pity agradeció a sus músicos y a la estructura que hizo posible su regreso a un escenario de esta magnitud. Entre nostalgia y fiesta, Córdoba fue testigo de una noche donde pasado y presente convivieron en equilibrio, confirmando que, pese a todo, el magnetismo de Pity Álvarez sigue intacto y su conexión con el público permanece tan viva como siempre.




