Julia Zenko: "Vengo de un linaje de mujeres que padeció el horror de la trata"
La artista de voz única y alma resiliente rompe el silencio en sus memorias Jaie Sure, que presentará en la Feria del Libro. En un relato valiente, Zenko desanda abusos, complejos físicos, secretos familiares y el legado de mujeres sometidas por redes de trata. "Escribir me llevó de vuelta a esa niña que fui. Sané con el decir"
Julia Zenko dice haber callado mucho. Tanto, que tardó seis décadas en ponerle palabras a las heridas más hondas de su vida. A los abusos, los mandatos, los complejos físicos, los secretos familiares. A ese linaje de mujeres silenciadas que, según revela, padeció la violencia de la trata y la doble moral de una sociedad patriarcal. Y también, a las fuerzas que la salvaron: la música, su voz, su padre, los discos, y esa niña interna que supo jugar feliz frente a un espejo.
Este 9 de mayo, a las 19 h en la Sala Rodolfo Walsh de la Feria del Libro de Buenos Aires, la intérprete presentará “Jaie Sure”, sus memorias publicadas por Editorial Galerna. El título, dice, le “bajó” durante una meditación guiada de Deepak Chopra y remite a su nombre en idish, el que la nombraba en la intimidad de su hogar tradicionalista. “Aunque sé que Jaie no es la traducción exacta de Julia, así me llamaban cuando era una nena callada. Y ese es el punto de partida de todo”, confiesa.
Nacida en 1957 en una familia judía de clase media, Julia creció en un entorno atravesado por los silencios. Silencios tras un abuso sexual a los ocho años que recién pudo nombrar ahora. Silencios en torno a un cuerpo al que desde niña intentaron corregir con dietas violentas, anfetaminas y masajes compulsivos. Y silencios sobre la violencia intrafamiliar, como la escena que presenció entre su madre y su padre, que dejó marcas imborrables.
“Mi madre me decía una y otra vez que pudimos haber muerto las dos en el parto”, relata sobre su nacimiento, vivido casi como una tragedia familiar. Tal vez por eso, intuye hoy, jamás pudo dar a luz por parto natural: “Me quedó la idea de que mi cuerpo no podía abrirse al mundo”.
Fue en séptimo grado que su voz rompió por primera vez el cerco del anonimato. Un compañero del colegio la señaló como la mejor cantante de la clase y, desde entonces, su mundo cambió. Su madre la llevó a estudiar con Esther Plotkin, y poco a poco, el canto se convirtió en un refugio seguro. “Cantando me gustaba lo que el espejo reflejaba. Veía a una niña feliz”, recuerda.
Aun así, la pregunta sobre si ese camino fue elección propia o mandato materno la persiguió por años. “Nunca me gustaron los lugares con mucha gente. No sé si alguna vez soñé con ser artista. Pero hoy agradezco ese empujón”.
En el libro, Zenko reconstruye la trama familiar que la marcó y que incluye una revelación clave: el hombre que durante su infancia creyó su tío, dueño de un cabaret en Brasil, era en realidad su abuelo biológico, vinculado a una red de trata. “Es la historia de mi abuela materna, muy parecida a la que cuenta La Polaca, el libro de Myrtha Schalom”, revela. “Crecí en una familia con doble moral. Por un lado, se me castigaba con cinturón por llegar tarde de un cumpleaños. Por otro, me llevaban a un burdel a visitar parientes”.
También recuerda la desaparición en dictadura del hermano de su cuñada, Micky, en 1978. “Mi mamá quemó todos los libros de mi hermano Juan Simón porque tenía pánico. Hoy, con todo lo que aprendí, entiendo ese miedo”.
En 2014 atravesó la muerte de su madre y una ruptura amorosa devastadora. En 2020 superó por segunda vez un cáncer de mama. “Me di cuenta de que la tristeza, el duelo, me había dejado sin defensas. Hacer biodecodificación me ayudó a entenderlo desde otro lugar”, asegura. La pandemia, el encierro y el tiempo para reflexionar abrieron la puerta a una necesidad impostergable: escribir. “Escribir me llevó a mí, me sacó de mí, me devolvió a esa nena que no podía decir. Y entonces pude sanar”.
Hoy, a los 66 años, se siente finalmente en paz con su cuerpo, su historia y su linaje. “La vida me enseñó a ir al frente. Como dice Eladia Blázquez en ‘Las alas del alma’: ‘Y me muero de miedo, pero sigo adelante’. Esa ha sido mi historia”.




