Walter Perazzo analizó el objetivo de Nueva Chicago en un campeonato exigente
Walter Perazzo, DT de Nueva Chicago, aclaró con Crónica del Ascenso que se encuentra en el cierre de la etapa de conocimiento del plantel y anima a más con los futbolistas que tiene.
Cuando alguien se va de un club donde la pasó muy bien sin poder devolverle el afecto recibido con el máximo logro, siente deseos de tener una segunda etapa para intentar completar eso que se hizo. Walter Perazzo puede dar fe de que nunca hay que dar por perdido nada y después de aferrarse por varios años a ese deseo de retornar a Mataderos para intentar llevar a su hijo dilecto, Nueva Chicago, a primera, se le dio. El DT se encuentra cerrando la etapa de conocimiento del plantel ya que hace un mes pudo cantar "Volver". De a poco, el ex delantero de una técnica admirable va consiguiendo que el equipo empiece a tomar confianza, para lo cual fue clave el primer triunfo como local a expensas de Talleres. "En el primer paso tuve emociones muy encontradas porque agarré el equipo faltando seis fechas estando casi descendido. Logramos salvarnos en el último partido contra Ferro faltando 15 minutos. Ganamos 1 a 0 con gol de Baldunciel. Después armarnos un equipo con el que hicimos un gran campeonato, peleando la punta con Sarmiento hasta que nos quedamos en la recta final. Entonces me tocó vivir cosas muy fuertes con el hincha. Principalmente, me quedó el sinsabor de no dar el golpe y ascender. Pero tenía un lindo recuerdo por lo pasamos en el día a día, con el apoyo. Pelear por subir es una cuenta pendiente" reconoció para iniciar una charla interesante con Crónica del Ascenso.
-Entonces cuando lo llamaron no lo dudó ni un instante...
-Estaban las ganas de volver a vivir ese momento y poder colaborar con el equipo para tratar de repetir esa historia y ser protagonista en un campeonato tan duro y parejo.
-¿Qué tan complejo es llegar con un torneo ya empezado?
-No esperaba estar trabajando en apenas tres fechas. Siempre el ideal es poder elegir a los jugadores, más que nada por las características que uno busca. Cada técnico tiene su preferencia, su estilo y los perfiles para lo que quiere. Cuando te encontrás con un equipo ya armado, tratás de darle el toque que uno quiere pero principalmente buscás amoldarte a lo que tenés. No puedo ser necio y querer imponer un estilo de juego si no tengo las características acordes a ello.
-Como el año pasado en Temperley le tocó entrar como piloto de tormenta...
-Generalmente cuando te llaman en un torneo ya iniciado es porque tenés una situación que arreglar. Me tocó agarrar a Chicago en una tercera fecha, estando último. Los proyectos en la Argentina son relativos pero uno sabe a que clubes van, si tenés un poco más de respaldo que en otros lugares. Llegué acá en gran parte por el pedido de la gente, que quería que vuelva. Eso es un compromiso doble. La dirigencia me hizo sentir muy cómodo cuando me llamaron, sabiendo que las cosas no son fáciles. Sin dudas, prevaleció la parte emocional porque tengo cariño por el club, me crié en el barrio y creo que en un momento difícil uno no analiza las cosas malas; sino, más bien trata de ponerle el hombro y sumarse a la lucha para enderezar lo que no había arrancado bien.
-¿Qué diagnóstico hizo al arribar en esta nueva etapa?
-En primer lugar reconocí que era un equipo totalmente nuevo con respecto al del año pasado. Eso implica que el tiempo para formarlo demanda unas fechas. Algunos conjuntos mantuvieron una base y ya en el inicio se nota que corren con ventaja. A los que empiezan de cero les lleva un tiempo: tal vez de 10 a 12 fechas. Eso fue lo primero que vi. Después me encontré con jugadores comprometidos para revertir la situación. Me sentí apoyado desde el primer momento y cuando uno elige un equipo que está armado también elige el plantel que tiene. Uno está para buscar soluciones y de a poquito tratar, con el trabajo diario, de ir potenciando un conjunto que está en construcción donde todavía las situaciones individuales no están equiparadas. Todavía no se ha podido unificar la parte física de todo el plantel. Es la tarea primordial que estamos tratando de hacer en este primer mes. De a poquito lo vamos logrando. Y a partir de allí generar una competencia interna que nos permita elevar el nivel y priorizar siempre el grupo por sobre las personas. Eso es fundamental.
-¿El equipo estaba atado en condición de local?
-A mi me había tocado dirigir sólo dos partidos. Con Defensores de Belgrano, que es un buen equipo, nos fuimos aplaudidos aún empatando 0 a 0. Con Estudiantes de Río Cuarto hicimos un muy buen primer tiempo y nos dieron vuelta el partido con dos córners. Creo que eso fue un cachetazo que sentimos. La realidad es que en chicago las derrotas duelen porque trascienden mucho más que en otros equipos. No creo que estuviéramos atados por ser locales sino presionados por lograr esa primera victoria en una etapa en la que el jugador no está al 100% hablando de ritmo de competencia. Hay que sumar que muchos jugadores se están y me están conociendo. Es una etapa en la que no hay que hacer análisis apresurados porque es una etapa que sabemos que hay que pasar para lograr ese crecimiento que estamos buscando.
-¿La ansiedad de la gente se ha trasladado a la cancha?
-Si, es algo que el jugador tiene que aprender a dominar. La hinchada de Chicago te emociona y a veces esa emoción descontrolada genera un equipo acelerado. Entonces hacemos mucho hincapié en valorar el apoyo de la gente, utilizarlo a nuestro favor pero el ritmo lo tenemos que marcar nosotros. Eso es clave en este tipo de equipos porque uno no puede jugar al ritmo de la gente. Hay distintos momentos que uno va viviendo en el partido y que tenemos que marcar desde adentro.
-¿Piensa que al hincha le costó asimilar el golpe del año pasado de haber estado a 30 segundos de jugar la final por el ascenso?
-Obviamente, para la gente habrá sido durísimo; para los dirigentes también y para los jugadores que se quedaron mucho más. No hay que dejar de pensar que es fútbol y que esas cosas pueden pasar. Lo que tiene la gente es que se renueva. Desde el día que llegué noto que ese sufrimiento ha ido cicatrizando y ya la veo nuevamente con energía para volver a pelear y ayudar desde afuera al equipo a volver a soñar.
-¿Ve al equipo entre los candidatos al sueño máximo?
-En estos momentos sabemos que la meta y la obligación es tratar de ingresar al Reducido. Los tiempos que nos permitan llegar a esa circunstancia no puedo decirlos. Lo que sí confío es que a medida que pasen las fechas el equipo seguirá creciendo, siendo confiable e irá mostrando una evolución. El tema es llegar a la recta final con chances de quedar entre los ocho.
-¿El ascenso es un sueño o lo toma como una obligación?
-Para muchos equipos de esta categoría, el ascenso es un sueño, un deseo. No lo califico como una obligación; no pasa por ahí. Pero sí tenemos que hacer todos los intentos que estén a nuestro alcance para intentar ese gran sueño. De eso no tengo dudas. Para eso seguiremos dando el 100% y veremos como nos agarra en la etapa final.




