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Independiente empató con Colón en un infartante partido

Independiente no pudo hacer valer su localía y empató ante Colón por la Liga Profesional.

Todavía sigue sin verse la de Leandro Stillitano, pero en el Infierno aparecieron dos manos. Ante la falta de una ayuda propia, a Independiente primero le llegó la ajena. El local, era un espanto y no había ninguna señal que le permitiera soñar con encontrar el triunfo tranquilizador.

Pero Goltz, agarró la pelota con la mano cuando Ignacio Chicco había realizado un saque de arco. Penal y el Rojo arriba en el marcador.

Pero en el final Barcia tomó infantilmente de la camiseta a Wanchope Ábila, quien marcó el 2 a 2 definitivo a pesar de que en primera instancia, Rodrigo Rey le había atajado el remate desde los once metros.

 

El empate con Colón fue increíble, como la racha del equipo de Avellaneda de cuatro sin ganar en su propio estadio. Más de lo mismo en el primer tiempo. Desconcentrado, desatento, permeable y previsible.

Independiente mostró en esos 45 minutos una faceta ya conocida y que lo llevó a no hacerse respetar en su propio reducto. Salvo por algunos intentos de Barcia por la derecha o de Vallejo por la izquierda (algún día tendrá que entender que en el fútbol es aconsejable no hacer una de más) sumado a la categoría de Cauteruccio para hacerse cargo, una vez más de una pena máxima, el equipo de Avellaneda no dio señales de estar presente.

Sus inseguridades y temores lo llevaron a cometer muchas imprecisiones y a mostrarse una vez más vulnerable en su retaguardia. Tras un aviso que dio Pierotti, el propio delantero enmudeció el estadio cuando bajó con el pecho un pelotazo de Delgado y tras dejarla picar definió de zurda sobre la salida de Rey.

Colón se afirmó mejor con la ventaja, pero respetó tanto a Independiente que le permitió reaccionar. A puro empuje y mediante un penal discutible de Arrúa sobre Luciano Gómez, el local pudo encontrar un poco de calma: Cauteruccio lo ejecutó contra el poste derecho venciendo a Ignacio Chicco, que había acertado en la elección.

En lugar de entonarse con la igualdad, el dueño de casa se dejó estar. Demostró tener voluntad en la misma medida que falta de ideas. Entonces sus avances jamás se transformaron en ataques. Y el Sabelero, que tuvo menos la pelota, estuvo más cerca del desnivel, especialmente en una acción con pelota parada en la que Garcés cabeceó apenas desviado.

Ni siquiera más de lo mismo en el segundo período. El Independiente de la segunda etapa se mostró desanimado, abatido, sin rebeldía y mucho menos, imaginación. Para colmo Colón colaboró con su aporte tibio. Un pase a un rival de un lado, uno a un rival del otro. Así fueron pasando los minutos: con dos equipos que se pasaban la pelota demostrando porque ocupan los últimos peldaños. Eso sí: las inseguridades defensivas que mostraron, hicieron creer que el marcador se podría alterar. 


Solo una macana podría romper la paridad. Ahora nadie podría imaginar que ese error sería típico de no profesionales. Ignacio Chicco sacó del arco cortito y Goltz tomó la pelota con la mano. Incomprensible. Tal vez difícil de ver en un torneo de barrio. La cuestión es que a los 35, sin hacer nada, el Rojo se encontró con un penal más y Matías Giménez lo transformó en gol con toque a la izquierda.

 


Colón fue por la heroica, pero Rey, en dos ocasiones en la misma jugada, evitó el empate. Pero en el cierre, Barcia tomó de la camiseta a Ábila, Lamolina cobró penal después de consultar al VAR y Wanchope pateó y si bien Rey adivinó la intención, en el rebote lo empató el delantero.

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