Escalofriante enfrentamiento y tiroteo en la casa del jefe de la barra de Huracán por el dominio de la tribuna
En la noche de ayer se desató un feroz tiroteo en la casa de jefe de la barra de Huracán por la disputa del poder en la tribuna.
Una noche de terror fue la que se vivió en Nueva Pompeya porque, alrededor de las 23, se desató un intenso troteo por una nueva disputa pr el poder de la tribuna. Todo ocurrió sobre la calle Corrales, donde vive el jefe de la barra de Huracán, Claudio De Respinis. Y es un capítulo más de una guerra entre violentos.
Lo concreto es que se generó un tiroteo intenso donde vive el líder de la José C. Paz, la facción oficial que lidera la tribuna del “Globo”. Los vecinos llamaron a la Policía y después de varios minutos de cruzarse con armas de fuego, todos fueron identificados aunque no se produjo ninguna detención porque cuando vieron venir a los patrulleros los barras descartaron los revólveres. La Fiscalía Sur dio la orden de identificar a los que agarraron, hacer pericias sobre el hogar de De Respinis y sobre el auto donde habían llegado los miembros de la facción disidente y cada uno a su casa.
Este es el último eslabón de una cadena que se viene gestando desde el año pasado. Un grupo de barras de Huracán de la Villa Zabaleta, Villa Lugano, Soldati y de Parque Patricios que lidera el Gordo Pablo está tratando de desbancar a la familia De Respinis, que lideran la tribuna hace casi 30 años.
Por lo que se fueron a buscar las armas, del otro lado también se prepararon y comenzaron los tiros. Por los orificios que quedaron en la zona, fue de ambos lados ya que en el Volkswagen Bora en el que habían llegado los disidentes quedaron dos impactos de bala y otros tantos en el frente de la casa de la calle Corrales donde vive Claudio De Respinis.
Tal fue el intercambio, los vecinos decidieron llamar al 911 y en minutos llegaron varias patrullas que separaron a los dos grupos y los identificaron: de un lado el Cone y su hijo Luciano, del otro los seis disidentes. Lo insólito es que los oficiales no pudieron dar con las armas de fuego utilizadas, por lo que el proceso judicial se vio debilitado para la acusación formal por el abuso del uso de las mismas, que tiene penas más altas que las de daño, que es la que por ahora predomina.




