El último "dandy" de la escena

TE LO DIGO YO La muerte de Santiago Bal conmovió a miles de personas. Dueño de un gran talento que cosechó en el transcurso de su carrera, se convirtió en un seductor vitalicio. Los detalles, en la nota. 

@LuisVenturaSoy 

Vivió como quiso, enamoró a propios y enemigos, nunca renunció a su estilo distinguido e inconfundible, y cuando se dio cuenta que ya no lo disfrutaba los juntó a todos y a cada uno le dejó su recuerdo imborrable en el ojal de la solapa. Como si fuera una flor, una rosa. Así era y seguirá siendo él, Santiago Bal. Esté en el lugar que esté. Para mí, el último dandy.

Tenía 83 años, numerosas intervenciones quirúrgicas, un ano contranatura, incontables internaciones, varias veces lo dieron por desahuciado, llegaron a darle la extremaunción porque parecía que era imposible que sobreviviera a una de sus arrasadoras terapias intensivas y se quedó. Una y otra vez le ganaba el truco y retruco a la mismísima muerte que lo venía a buscar y siempre se iba defraudada porque se llevaba las manos vacías.

Así era ese judío cabeza dura que insistía para que le sacaran el crucifijo católico de sus distintivos mientras pedía que su último féretro estuviese envuelto por un paño con la Estrella de David, aunque nunca haya sido un fervoroso de la religión.

 

Rey del chamuyo, patriota del verso porteño, piropeador irremediable, iluminado monologuista, autor inagotable, director de raza, actor de gran ductilidad, capocómico jurásico, Santiago Bal era capaz de decir decirte la peor atrocidad sin ninguna mala educación, como también de esculpirte el piropo más halagador del planeta, sin que se le moviera un pelo de la cabeza ni tensara ninguna fibra de rostro definitivamente histriónico.

El último "dandy" de la escena
Santiago Bal falleció el lunes pasado tras problemas cardíacos y respiratorios.

Un buen día, Santiago decidió que había llegado el momento de irse a otros escenarios y se marchó. Quizás porque ya estaba extrañando a Rolo Puente, a Dringue Farías, a Don Pelele, Gerardo Sofovich, Adolfo Stray, Hugo Moser y tantos otros que supieron de este creador y ejecutor de la artística en todos sus modos.

Seductor vitalicio de las mujeres más hermosas supo escribir historias románticas y mediáticas con mujeres gigantescas como Carmen Barbieri y Silvia Pérez como las más destacadas de una larga lista de vedettes, bailarinas, sirenas y diosas de todas las edades y medidas.

 

Padre de Mariano, Julieta y Federico Bal, este Santiago se dio el lujo de producir su última postal familiar después de haber surcado los peores ardores familiares, no se quiso marchar hasta verlos a todos en paz con su último legado. El 9 de diciembre, Santiago Bal nos dejó su última morisqueta, dibujó una nueva sonrisa irónica y se marchó como vivió, de una. Te lo digo yo. Se fue un groso.

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