Adriana Brodsky: "Podría estar en pareja, pero nunca volver a convivir"
EXCLUSIVO. Volvió a las tablas, ahora junto a Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti, y le divierte que muchos la consideren "vedette" porque asegura que nunca trabajó en ese rol. Orgullosa de su recorrido, recuerda al Negro Olmedo y habla de qué espera del amor hoy en día.
@AnaliaCab
La palabra “icónica”, tan de moda actualmente, le calza a la perfección. Adriana Brodsky no solo es ícono de una época muy recordada y exitosa del humor picaresco en nuestro país, sino que aún hoy se mantiene activa, vigente y tan bella como siempre.
Esta semana volvió a pisar un escenario, ahora de la mano de dos de los capocómicos sobrevivientes a la era dorada: Nito Artaza y Miguel Ángel Cheruti. Se trata de un music hall, “Toy sin plata” y lo más curioso es que a pesar de las dilatadas carreras de los tres, es la primera vez que trabajan todos juntos.
“Yo tuve, no sé, esa luz divina que me vino del cielo, no sé de dónde, que pude trabajar con todos los grandes, pero nunca había trabajado con Nito Artaza. Porque con Miguel empezamos los dos, en el 82, en 'La peluquería de don Mateo', con Gerardo Sofovich, él hacía de “El Muñeco”. Y después de eso no trabajé nunca más con él” recordó la actriz.
-¿Y cómo fue que te sumaste a este espectáculo?
-Fue algo mágico, porque yo me “autoconvoqué”. Yo estaba mirando televisión y los veo a los dos en un programa. Nito me estaba haciendo reír mucho, con una mezcla del humor de antes con el de ahora, porque la verdad que se han aggiornado un montón, y cuando terminó la nota al aire, le mando un mensajito y le pongo “¡Qué linda nota, Nito! ¿Cuándo voy a tener el honor de trabajar con ustedes?”. Y él me contesta “Ya. Venite. Ya te llama mi productor”. Y así fue, me llamó el productor que es Giuliano Bacchi, otro amor de persona, y ahí arreglamos todo, ¿podés creer eso ?. Evidentemente era un momento en el que teníamos que estar juntos.
-¿Te considerás vedette?
-Yo nunca en mi vida trabajé en una revista, y desde que empecé a trabajar, siempre se dirigieron a mí como “actriz-vedette”, pero jamás me puse un conchero ni una pluma, no trabajé en revista. Es raro eso, porque de mi generación había muchas vedettes, alucinantes, pero yo nunca lo fui. A mí me ofrecieron trabajar en revistas, la verdad es que nunca me interesó mucho el tema. Sí me gustaba ir a verlas, tanta sensualidad y las figuras con esas plumas, me parecieron siempre maravillosas, de otro planeta, pero yo nunca me vi en ese lugar.
-¿Se podría hacer una revista hoy, pensando en que el eje era el cuerpo femenino?
-Depende de cómo se haga. A mí me parece que una mujer puede mostrar lo que ella quiera en la medida que sea acorde al momento. Yo creo que hoy por hoy, por más que se pongan las plumas, la mujer se hace respetar y uno tiene también que respetarla claro, que haya un poquito más de igualdad tipo Mónica Farro; que es una gran vedette y además de ser bella sabe bailar, sabe actuar, a mí me parece que es una de las más importantes hoy.
"Hoy por hoy, por más que se pongan las plumas, la mujer se hace respetar y uno tiene también que respetarla claro, que haya un poquito más de igualdad tipo Mónica Farro; que es una gran vedette"
-Tus compañeras en esta obra son todas bastante nuevas. ¿Las aconsejás?
-No, yo las veo muy seguras de lo que hacen, las veo muy bien. Lo que sí tengo que hacer; es lo que corresponde y es lo que siento, es tener respeto con todos ellos, y conservar la actitud de buena onda, de abrazar, pero desde la contención para lo que sea. Yo me acuerdo cuando empecé a trabajar y tenía la edad de ellas, la verdad es que no necesitaba ningún consejo. A mí los consejos me lo daba la vida misma, las actitudes de la gente, ahí era donde yo aprendía mucho. Las palabras se las lleva el viento en definitiva, lo que pesa es lo que pasa en el momento.
-¿Pero sos consciente de que sos una referente?
-Soy consciente porque bueno, son muchos años; el público, el medio, me han dado un lugar fantástico, maravilloso, que a veces no sé si me lo merezco, pero estoy. Y a mí eso me llena el alma me produce como una emoción enorme, no podés dejar de emocionarte por eso, porque es el resultado de tantos años.
"El público, el medio, me han dado un lugar fantástico, maravilloso, que a veces no sé si me lo merezco, pero estoy. Y a mí eso me llena el alma"
-Si tuvieras que elegir dos momentos clave de tu carrera, ¿Cuáles serían?
-Son un montón, pero lo primero que se me viene a la cabeza es la imagen de Gerardo Sofovich queriéndome contratar para su programa en el año 1982. No me puedo olvidar nunca de eso porque fue la persona que me agarró de la mano y me llevó por la puerta grande, yo entré como una figura en un programa donde todos eran hiperfamosos y eran grosísimos. Gracias a eso, al mes yo era tapa de todas las revistas de este país. Ese fue un momento inaugural, sin duda. Y obviamente en mi corazón, “el” momento fue con el Negro Olmedo, una culminación, digamos, del trabajar con los capocómicos. Se fue el Negro y se fue una banda de gente que era de otra época, tenía un estilo especial, un tiempo que mucha gente todavía recuerda. La gente no para de preguntarme y decirme que extrañan el humor de antes; y les cuesta acostumbrarse a que las cosas han cambiado.
-¿No te molesta entonces que te sigan preguntando por Olmedo?
-En absoluto, yo siempre lo digo: voy a tener 200 años y voy a seguir gritando “maestro-maestro”. Lo juro porque me lo piden siempre; no estoy exagerando. Yo me voy a morir, voy a tocar el arpa y con el arpa voy a estar gritando “maestro-maestro”, seguro jaja.
-¿Te hiciste amiga de alguna de tus colegas?
-Tengo muy buena relación con la mayoría, diría que con casi todos, y con la gente que no tengo buena relación, lo trato de revertir, dentro de lo posible. Si veo que no se puede, sigo mi camino. Por ejemplo, hace poco la vi a Silvia Pérez en un evento y la verdad que me produjo una gran felicidad verla. Y yo sentí lo mismo por parte de ella. Y esas cosas a mí como que me ponen muy bien, ¿entendés? Nos abrazamos, nos pasamos los teléfonos, hacía siglos que no nos veíamos. Y de pronto me pasa lo mismo con Ginette Reynal, con Amalia González, con Susana, si la llegara a ver. O sea, son personas a las que recuerdo con amor y te podría mencionar a un montón
más.
-Y en el momento en que estaban todas peleando en un lugar ¿era brava la competencia?
-Mirá, no, nunca peleamos un lugar, jamás, eh. No solamente eso, sino que nunca tuvimos un problema. Nunca eso de que desapareció algo del camarin o que la otra le puso un pie a la otra. Además, nosotras estábamos seguras de lo que éramos, y estábamos orgullosas de estar dentro de un staff de gente que tenía ese nivel de actuación, de promoción; éramos como destacadas y éramos muy agradecidas. Creo que tampoco había momentos para pensar en una pelea; salíamos de ahí, teníamos dos millones de trabajos para hacer, no nos daban la cabeza para pensar. Al menos yo vivía laburando desde que me levantaba hasta que me acostaba, del lunes a lunes. No veía a mi familia, no podía ver a mis amigos, no paraba nunca.
Laburante nata
Adriana tuvo una infancia díficil: su papá abandonó a la familia cuando eran chicos, ella lo conoció de adolescente, pero al poco tiempo él murió. Por eso, la futura actriz trabajó desde los 14 años. “Era la 'che pibe' de todas las oficinas de Buenos Aires. Hacía lo que fuera necesario, desde limpiar un estante hasta servir un café o escribir una carta, en ese entonces a máquina. Necesitaba ayudar en casa porque trabajaba mi mamá solamente, y mi hermano es un año más chico que yo” detalló.
-¿Por qué no parabas incluso cuando ya eras famosa?
-Había algo que era muy personal y muy mío. Yo no sabía si iba a seguir trabajando el próximo año, porque yo no entendía qué era lo que veían en mí. Si bien siempre mantuve los pies sobre la tierra ante esa fama, en mi vida tuve que tener mucha fortaleza; antes de entrar al medio. Y todo eso que padecí antes de llegar al medio me ubicó en la palmera y me di cuenta de dónde estaba. En realidad yo nunca había buscado ser famosa, nunca había pensado siquiera en ser modelo, yo estaba ahí pero para mí era un trabajo más. Podía hacer otras cosas también; mientras hay gente que lo único que puede o quiere hacer es esto; algo totalmente respetable, pero no era mi caso.
-¿Te gustaría hacer televisión, conducir como Carmen, Yuyito...?
-Sí, me imagino en ese lugar y me parece que me divertiría muchísimo porque siento que lo haría a mi manera. Aunque a veces parezco un poco formal, para un programa sería bastante informal, pero en el buen sentido; descontracturada. Siempre poniendo lo mejor y todo el profesionalismo que corresponde, ¿no?, obviamente.
-¿Te cuesta estar activa en las redes sociales?
-El 90% de mi Instagram lo manejo yo, pero me cuesta mucho porque tengo que subir cosas como para mantenerme en onda con lo que es hoy la tecnología. Y quizás tengo que subir cosas que no tienen que ver con lo que yo quiero que se sepa, pero bueno, algo tengo que subir y eso es medio tirano. La realidad es que si no nos adaptamos a los tiempos que corren, nos quedamos en el túnel del tiempo, entonces bueno, llegó la tecnología; atengámonos a las consecuencias y a las cosas hermosas que nos brinda.
-¿Cómo te definirías como mamá?
-Yo siento que soy la mejor mamá del mundo para mis hijos, porque les he dado el tiempo que ellos merecen, el respeto sobre todo que merecen y la educación. Y para darle todas esas cosas a tus hijos, tenés que tener tiempo y hoy siento incluso que les tendría que haber dado más tiempo.
-¿Te da alguna culpa?
-No, no, porque me siento mamá, papá, tío, abuela, hermano y amiga. Por sobre todas las cosas hoy por hoy para educar a los chicos ya no podés ser la mamá de antes. Tenés que empezar a ser amiga, compinche, para llegar a tu objetivo y saber qué es lo que está pasando en la cabecita o el corazón de tus hijos.
-¿Te gustaría enamorarte?
-Lo que me pasa es que no es mi prioridad. O sea, no estoy buscando una pareja. Tampoco estoy negada. Yo creo que si aparece una pareja está todo bien. Pero no es algo que esté buscando desaforadamente; si llega bienvenido. Lo que sí, ya no tendría una pareja como las que tuve antes. De ninguna manera podría convivir, yo no duermo ni con un peluche en mi cama, así que imaginate Una va creciendo, experimentando, y ya piensa de otra manera.
A.C



