FARÁNDULA

Porcel, el gordo de América

Una vida al servicio del espectáculo que encontró en el humor su principal camino de expresión artística. Con luces y sombras, el capocómico dejó su huella en el público y el medio.  

@RFilighera

El 7 de septiembre de 1936 nació el primer hijo del matrimonio compuesto por Segundo Porcel de Peralta y Concepción Pusíllico. El bebé que ha visto, con sus potentes llantos, la primera toma de luz del mundo se llamaría Jorge Raúl Porcel de Peralta y, con el paso del tiempo, será apodado "el Gordo" y se convertirá en uno de los intérpretes del universo del humor con mayor trascendencia en toda la historia del espectáculo argentino.

Don Segundo fue chofer de taxi, nacido en la localidad de Tulumba, provincia de Córdoba, y como dato particularmente saliente, era hijo de un importante ejecutivo de la empresa Molinos Minetti; en tanto, Concepción era una joven italiana, de baja estatura, con rasgos de timidez pero con un carácter extremadamente firme, tal como afirmó el propio Porcel en su autobiografía.

Y esos paisajes, precisamente, en cuanto a inmigrantes, laburantes forjados en el seno del trabajo y del esfuerzo cotidiano, se iban a reseñar como verdadera génesis de esa familia.

Y como verdaderos laburantes que eran, vivían en una casa de inquilinato que estaba ubicada en la avenida Córdoba. En tanto, a los cuatro años de vida de Jorge se va a hacer presente otro hermano: Tito, quien con el correr de los años se convierte en asistente personal del cómico. En esa familia, el aroma y la fragancia a la música estaban muy presentes. Sus abuelos eran apasionados admiradores de la música de Chopin y Albeniz; en tanto, Clotilde, la tía del cómico, mostrará virtudes impensadas en el desarrollo de la ejecución del cello. Una tarde, aquel chico, ya muy atento a las diversas manifestaciones del arte, se mostrará embelesado por la interpretación que hará Clotilde de la inmortal “Claro de luna”, de Debussy. En tanto, Concepción, la mamá de Jorge, acompaña en dúo, radio mediante, las voces magistrales de aquel entonces como Gardel, Ignacio Corsini, Libertad Lamarque y, sobre todo, a la popular y querida cantante Azucena Maizani, apodada como la Ñata Gaucha.

En Bernal

Jorge Porcel posteriormente se encuentra viviendo en la localidad de Bernal. La zona, en tanto, hacía gala de sus casaquintas, y de esta manera las frutas y las verduras se constituyen en el principal abastecimiento alimentario para cada vecino. En tanto, la estación de ferrocarril, a escasas dos cuadras de donde residían, y un centro comercial muy limitado exponían la estructura existencial de un país en plena formación. A esto se le sumaba la colonia de inmigrantes y vendedores ambulantes, una escenografía imposible de soslayar por aquel entonces. Para Jorge, el aburrimiento de esas tardes que invitaban a la más que necesaria siesta formaba parte en aquel entonces de aquellos abrumadores silencios, solamente interrumpidos por la llegada de algún tren, el ladrido de algún perro callejero o el canto de las cigarras y el chistido de algún tero perdido.

Los carnavales

En tanto, doña Concepción le hará a su familia, y Jorge lo disfrutará con especial deleite, un menú bien al “uso nostro”, entonces, comidas y postres caseros calmarán el apetito de toda la familia, y especialmente de Jorge, luego de una jornada colmada por la actividad y los juegos. Y se vienen las gloriosas jornadas del carnaval que se realizaban en la Avenida de Mayo. De esta manera, Jorge disfrazado de holandés con bigotes pintados y una pipa, iba generando situaciones histriónicas prematuras que, después, se convertirán en una gran antesala para la actuación. Y esa plena diversión, precisamente, va a encontrar su rúbrica inmejorable con la visita a la tradicional e histórica pizzería Las Cuartetas, sitio tradicional de la gastronomía porteña ubicado en la calle Corrientes. Allí, precisamente, Jorge y familia siempre degustaban una grande de muzzarella y una sopa inglesa como postre. ¿La bebida? Todo un sello distintivo por aquellos años: la muy popular naranja Bilz. Y así pasan los años, la familia Porcel se muda a Belgrano y posteriormente a Avellaneda, ciudad en la que Jorge se mostrará plenamente identificado en todo su acervo cultural y a la que amará, de por vida, sumándole a todo esto, por supuesto, su gran pasión por la camiseta racinguista.

La pasión por Racing

Y ese presente para Jorge irá transitando, por un lado, el amor por Racing y, por otro, su afición por el cine continuado en el que disfrutará de aquellas películas de cowboys, terror y ciencia ficción. Tampoco faltará la oportunidad en que acompaña a su madre a ver los grandes clásicos del cine argentino. Y así dadas las cosas, se hizo presente el primer baile, en la sede de Racing. A los 13 años, Jorge, de traje y corbata, es rigurosamente acompañado por su madre hasta la puerta de destino, a las 22, puntualmente, y luego va a regresar, también junto a doña Concepción, a las dos de la mañana, horario que Jorge le juramenta a su madre para cumplir en el regreso. En tanto, años de ilusión y de deseo furtivo se van a presentar, cada vez con mayor fuerza. Paralelamente, también la radio, con sus clásicos ciclos de música popular, será el principal entretenimiento de las familias de la época. En consecuencia, Jorge genera su vocación, en primer término, por la música clásica y, luego, por el tango y el jazz.

 

Porcel, el gordo de América
Futbolero, tenía un enorme amor por Racing Club de Avellaneda.

 

Descubre a Poe y a Cortázar

El hogar de Jorge, entonces, va a transcurrir en una atmósfera muy agradable, en donde el amor y la comprensión se van a erigir en perfiles de buena convivencia y esta circunstancia, afirmaba el actor, fue un elemento primordial para macerar la conducta, tanto de él como la de su hermano Tito. En tanto, si bien nunca faltó el pan a la mesa, las dificultades económicas estuvieron presentes como desafíos para sortear. Jorge, en tanto, ya trabajaba como cadete de una óptica, a los 11 años. Su paso por el secundario tuvo varios tropiezos. Sin embargo, no se desalienta y continúa. Descubre a Edgar Allan Poe y se maravilla con Julio Cortázar. Otro trabajo: en una imprenta, traslada paquetes de 40 kilos y termina, a la noche, exhausto. Con sus ahorros, puede cumplir con un anhelado sueño: conocer Mar del Plata. Allí vive su tía Clotilde, primera violoncelista de la sinfónica de la Ciudad Feliz. Acentúa Jorge su pasión por el jazz y la radio y empieza a aflorar como una de sus vocaciones que volcará, luego, en interregno profesional, junto con la pintura.

Mareco le da una gran mano

Persevera y triunfarás. Trabaja desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la tarde y luego se dirige a completar sus estudios en una escuela nocturna; regresa a su casa a la medianoche, cena lo que le deja la madre y estudia. Al poco tiempo se pone de novio y un determinado día concurre a un show de Juan Carlos Mareco. Jorge concurre acompañado de amigos y hace unas imitaciones. Mareco le adelanta, en forma de presagio incuestionable, que va a triunfar. Después, un secretario del libretista y productor Delfor lo llama para una prueba; lo había recomendado Mareco, bisagra fundamental para su trayectoria. Prueba al fin y debut, nada más ni nada menos que en “La revista dislocada”.

Grandes éxitos junto a Olmedo

Radio y teatro, y noche continuada, como una gran bohemia. Bachín y Pipo son dos paradas insoslayables. Jorge progresa en la popularidad y engorda, cada vez más. Jorge se casa y se va de luna miel a Mendoza. Acrecienta sus logros, incentiva el teatro y tiene la posibilidad de trabajar en la gran creación de Gerardo Sofovich: “Operación ja ja”. Un ciclo que se convertirá, con un elenco de lujo, en líder de la audiencia. Jorge se compra su primer auto: un Peugeot 403, blanco tiza, y en apenas un día, para poder retirarlo, aprende a manejar. Participa después en Canal 13 en un programa con sello muy propio, “Porcelandia”, y comenzará una sociedad imbatible en el espectáculo nacional junto a Alberto Olmedo. Realizan giras por todo el país, también el Maipo y la relación de Jorge con su mánager Pepe Parada se tornará amistad. Las giras con el Negro, también, se extienden al exterior y el cine se convertirá, después, en un ámbito de excelencia donde el dúo tendrá la posibilidad de exponer todos sus atributos cómicos en varios filmes. Muchos años después, Romay le ofrece realizar un gran ciclo en su trayectoria: “Las gatitas y ratones de Porcel”, y luego sus dificultades de salud se irán acrecentando. Porcel recurre a todo tipo de práctica esotérica, hasta que su esposa lo vincula a la fe y a la iglesia evangélica. La muerte de su amigo Olmedo lo desanima aún más. A todo esto, había adelgazado varios kilos en la clínica de Cormillot, pero el estrés, cierta angustia y problemas físicos que se acrecientan lo inducen a comer más y a agregar, en consecuencia, más problemas.

 

Porcel, el gordo de América
Un cuarteto irrepetible, con el Negro, Susana y Moria.

 

El principio del final

A todo esto, se radica en Estados Unidos, y en Miami, puntualmente, instala un restaurante especializado en pastas. También tuvo una participación memorable en el filme “Carlito’s way”, del realizador Brian De Palma, en donde comparte una secuencia nada más ni nada menos que con Al Pacino. En tanto, los últimos años de Jorge Porcel, en silla de ruedas, presentan a un cómico desconocido en su habitual personalidad. Regresó en varias oportunidades a la Argentina y murió, aquejado del mal de Parkinson y diabetes, a los 69 años, el 16 de mayo de 2006. La historia del espectáculo argentino perdió, en consecuencia, a uno de sus más conspicuos y fieles representantes.

Vida sentimental

Jorge Porcel estaba casado con Olga Gómez, quien lo acompañó hasta sus últimas horas, y tenían una hija adoptada, María Sol; en tanto, su relación extramatrimonial con Norma De Mauricio dejó como fruto a su hijo Jorge Porcel Jr., con quien mantuvo una conflictiva relación personal. Por otra parte, el actor mantuvo relaciones sentimentales con Carmen Barbieri y Luisa Albinoni, con quienes llegó a convivir durante varios años.

Esta nota habla de: