Miguel Ángel Pierri: "Si Betty hubiera estado con Rodrigo, no ocurría el accidente"
EXCLUSIVO. Quien fuera abogado y amigo de Rodrigo, habló con DiarioShow.com sobre esa afectuosa relación pero también de la investigación de su muerte, plagada de dudas.
@RFilighera
El abogado Miguel Ángel Pierri comentó: “La sensación que me viene ahora de manera muy firme es la vida malograda de un joven que estaba llamado a continuar un gran éxito; en el comienzo de su consagración como artista. Recuerdo que, a partir de un masivo recital en Mar del Plata, dentro del ciclo de shows que se denominaban ‘Cultura con todos’, su trayectoria empezó a tener un ascenso definitivo. Él contaba con varios proyectos y una agenda artística para abordar de características muy importantes en todo sentido”.
El letrado destacó luego, con una sensación embargada por la pena, que “la falta de cuidados, inevitablemente, aceleró lo que pasó. Si su mamá hubiera estado junto a él, no tengo dudas de que otra historia se hubiera escrito. Soy consciente de que se trataba de otros tiempos y de otros núcleos sociales y otros amigos. Lamentablemente, ese 24 de junio, en la autopista Buenos Aires-La Plata se cerró una página histórica y comenzó otra existencia del ídolo en una nueva dimensión y el ídolo creciendo, a través del tiempo y la distancia, con una enorme magnitud”.
En relación al trágico accidente que le costó la vida a Rodrigo, Pierri se refirió en estos términos: “En este momento, por distintas razones, no se encuentran los dos protagonistas fundamentales de la historia: ni Rodrigo Bueno ni Alfredo Pesquera; Rodrigo murió en el accidente y Pesquera se suicidó, muchos años después y vaya a saber uno por qué tipo de motivaciones. Yo creo que fue un accidente, pero estoy convencido de que Pesquera lo encerró, luego de discutir por alguna mala maniobra. Es que no tiene lógica, el impacto de la camioneta de Rodrigo fue después, en el lado izquierdo contra el guardarrail, entonces la camioneta dio dos vuelcos y, lamentablemente, Rodrigo fue expulsado hacia el pavimento. A mí me sigue extrañando que todo se desarrolló en una recta sin dificultad para el manejo, en consecuencia, tengo la sensación de que hubo una maniobra brusca que lo llevó a Rodrigo a dar el famoso volantazo hacia la izquierda. Por razones de diligencia legal, yo no estuve en el juicio oral de la causa. Lo acompañé a Rodrigo durante cuatro años en vida como su abogado y, estuve en toda la instrucción de la causa, aunque luego hubo una serie de desinteligencias que me apartaron. Se quería llevar el accidente a una famosa discusión dentro de la cabina, con un rasguño que tenía Rodrigo en su mano. Pero yo siempre creí que se trató, insisto, de una mala maniobra”.
Pierri también se refirió a una consulta puntual: ¿era Pesquera un personaje extraño? A lo que contestó Pierri: “Pesquera terminó sus días siendo un personaje extraño. Finalizó con su existencia 24 horas antes de que una fiscal lo había llamado a presentarse por una causa sobre la muerte de un financista. Pesquera era un hombre de una vida muy especial y, por aquellos días, nosotros también teníamos muchas dudas sobre si en aquel momento no se movían otros intereses que no fueran los del baile. La muerte de Pesquera, más allá del accidente de Rodrigo, lo instala a Pesquera dentro de una vida muy complicada. Hay algo muy extraño de un fax que le había mandado el hermano de Pesquera a Rodrigo la misma noche del accidente y que podía haber dado cuenta de la posible relación entre Pesquera y Rodrigo. Se habló, también, de una supuesta mafia de la bailanta porque evidentemente Rodrigo modificó todo lo que era la noche. A Rodrigo le decían ‘langosta’ debido a que en los lugares que visitaba no dejaba espacio para ningún otro artista. Rodrigo era un ser de luz, un muchacho espectacular, pero para otra gente despertaba, seguramente, envidias y encono. Es uno de los artistas más nobles y generosos que he conocido. Todavía los empleados del estudio que represento lo evocan con un enorme cariño por su don de gente, su solidaridad y por los regalos que siempre traía. Cuando la conocí a su mamá, Beatriz Olave, después del accidente, me di cuenta de que útil hubiera sido su presencia en su trayectoria. Si Beatriz hubiera estado a su lado, no estaríamos hablando de este lamentable accidente. Me quedan sus contratos, sus fotos en el estudio, algunos de sus llamados y ese recuerdo tan sensible de por vida en mi corazón”.



